La no universalidad de la ciencia

Revista La Universidad dialogó con Esther Díaz, doctora en filosofía y notable epistemóloga argentina, quien dio apertura a la Maestría en Metodología de la Investigación en Ciencias Sociales de la UNSJ. El lugar de las ciencias sociales, ciencias duras y poder, medios de comunicación, son algunos de los temas abordados.

Por Fabián Rojas

A partir de la antigua hegemonía de las ciencias naturales, autores contemporáneos coinciden en una lectura crítica acerca del dominio de esas ciencias llamadas “duras”, y también del eurocentrismo, impreso en esa hegemonía que habla de ciencia universal. Así, el sociólogo venezolano Edgardo Lander escribió sobre “saberes coloniales y eurocéntricos”, donde señala por ejemplo “la forma en cómo se articulan los saberes modernos con la organización del poder, especialmente las relaciones coloniales/imperiales de poder constitutivas del mundo moderno”. O el teórico peruano Aníbal Quijano, que en su trabajo “Colonialidad y modernidad- racionalidad”, sostiene: “Durante el mismo período en que se consolidaba la dominación colonial europea se fue constituyendo el complejo cultural conocido como la racionalidad-modernidad europea, el cual fue establecido como un paradigma universal de conocimiento y de relación entre la humanidad y el resto del mundo”. Y en diálogo con Revista La Universidad, la epistemóloga argentina Esther Díaz, es contundente: “Una ciencia argentina o latinoamericana así, parece puro cuento, porque en última instancia seguimos los cánones de las líneas de investigación que le interesan al Primer Mundo”.
Esther Díaz, epistemólogaDe visita en San Juan, instancia en la que inauguró la Maestría en Metodología de la Investigación en Ciencias Sociales (ver aparte), la doctora en Filosofía, autora, entre otros textos, de La filosofía de Michel Focuault, ensaya: “Hoy, más que decir hegemonía europea, yo diría estadounidense. Por supuesto que también está la hegemonía de Alemania o también Japón. El conocimiento sigue totalmente atravesado por una epistemología hegemónica. Una ciencia argentina o latinoamericana así parece puro cuento, porque en última instancia seguimos los cánones de las líneas de investigación que le interesan al Primer Mundo. Las investigaciones están al servicio de las ingenierías, de las ciencias duras y de todo aquello que genere dinero fácilmente”.
Esther Díaz rescata, de todos modos, a varios autores que proponen erigir un escenario alternativo. “Por ejemplo, el portugués Boaventura de Souza Santos -dice-, cuyo libro muy famoso es Refundación del Estado en América Latina. Perspectivas de una epistemología del sur. Allí propone algo que es aún utópico y que se relaciona con el avance de la ciencia latinoamericana. Es todavía utópico porque debemos ver cómo una materia como la epistemología -reflexión sobre la ciencia que en apariencia no tiene nada que ver con la realidad práctica- puede hacer sin embargo mucho daño. Al 95 por ciento de los estudiantes en Argentina se les enseña epistemología anglosajona, neopositivista, que dice que la epistemología debe reducirse a estudiar la historia interna de la ciencia. Es así porque la historia interna tiene que ver con las leyes, los reglamentos, la simbología, y eso es factible de ser pasado a términos matemáticos”. Entonces, Esther Díaz habla de una contrapropuesta: “Yo digo que deberíamos centrarnos en una epistemología ampliada a lo político-social. Si un investigador tiene un padre científico famoso, y además ese investigador está casado con la hija de un político poderoso, su teoría se va a imponer seguramente sobre otra de un hijo de un trabajador común. Siempre se trata de un tema de poder. Así es que yo creo que en general, seguimos siendo sirvientes del Primer Mundo y de los que tienen el poder y el dinero. Por supuesto que uno desde acá lucha para que haya una ciencia regional. Ya Oscar Varsavsky, a mitad del siglo XX proponía eso. La ciencia debe estar al servicio de las necesidades de la región, no de las necesidades de Manhattan”.

Y el mundo seguía andando

La filósofa anota un hecho puntual y dramático para referirse a cuestiones de poder. “Antes de que comenzaran las investigaciones sobre el SIDA, en África habían muerto millones de personas por esa enfermedad, pero el mundo siguió andando”, apunta. Luego pregunta: “¿Cuándo se comenzó a invertir para procurar erradicar esa tremenda plaga?”, y subraya: “Cuando los chicos de clases acomodadas de Nueva York empezaron a morir”. Entonces aplica sus afirmaciones a algo espacialmente mucho más cercano: “Si la ciencia fuera realmente universal, ¿por qué no se pone muchísimo más capital y material humano para erradicar, por ejemplo, el Mal de Chagas en Santiago del Estero?”.

La blandura funcional al poder

Si bien las denominadas ciencias duras jugaron históricamente en un terreno productivo, cuya fertilidad es y fue tributaria de las necesidades reales del poder, en los últimos años emergió -y esto es evidente en América Latina- una realidad, por lo menos, curiosa. Los medios masivos de comunicación, insertos por naturaleza en el campo de las ciencias blandas, se constituyen en armas poderosas de los poderes económicos concentrados. “Son las ciencias blandas al servicio de los capitales. Yo fui profesora de Ética, y cierta vez un periodista alumno me preguntó: ‘¿De qué nos sirve a nosotros saber ética si tenemos que responder a un editor que a su vez responde a la corporación que pone el dinero?’”, relata Esther Díaz. La epistemóloga conoció de cerca, no hace mucho, argucias realizadas por los medios. “Me invitó la Revista Ñ a escribir un artículo a propósito del Mundial de Fútbol de Brasil, y llegué a una conclusión dura para los hombres a los que les gusta el fútbol. Decía allí que el ambiente futbolero está atravesado por un amor varonil, por lo que hay una suerte de homosexualidad entre machos, pero no digo que sean homosexuales. La mujer está solamente para hacerles hijos, aquella muñequita vistosa que es la ‘botinera’. Todo lo demás pasa entre los varones. Claro que publicaron el artículo, pero le pusieron un título anodino: ‘Mirar con moderación’, cuando el título era ‘Onda sexual entre machos’. Fue una manera de que no lo lean, la empresa no quiso poner el título original”. -¿Por cuestiones patriarcales, machistas?-, pregunta Revista La Universidad. -Claro -responde Díaz-, siempre se busca la vuelta. Las ciencias blandas están ahí, pero al servicio del poder-.

Un diagnóstico

Esther Díaz dice que para intentar cambios hoy confía en lo micro antes que en lo masificado, en lo que puede producir algún efecto en algún estudiante, por ejemplo. “Confío en lo micro, confío más en lo que se pueda hacer desde nuestro humilde lugar de trabajo que en esos grandes ideales de la modernidad que, como pies de barro que tenían, se vinieron abajo”, confiesa. Entonces el momento parece apropiado para solicitarle un diagnóstico sobre las ciencias sociales hoy: “En el campo editorial hay mucha más producción en ciencias sociales que en ciencias duras. Pero, desde el punto de vista del poder, seguimos siendo la cenicienta”.

Para ver la trayectoria académica de Esther Díaz:  http://www.estherdiaz.com.ar/academica.htm

Maestría en Metodología de la Investigación en Ciencias Sociales

La Maestría en Metodología de la Investigación en Ciencias Sociales hoy se halla en pleno desarrollo. Dictada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNSJ, comenzó en junio pasado con el módulo Epistemología General, a cargo de los doctores Analía Ponce y Félix Gómez, para continuar con Epistemología de las Ciencias Sociales, dictado por los doctores Esteban Vergalito y Félix Gómez. En tanto, en septiembre comenzará el módulo Estadística Aplicada a las Ciencias Sociales, con la Mg. Sara Valenzuela, mientras que entre octubre y noviembre será dictado el módulo La ciencia como como conocimiento socialmente construido, por Sivina Vignole, “docente de la provincia de Mendoza sugerida por Esther Díaz”, señala la Mg. Silvia Montañez, una de las directoras de la maestría, junto a la Lic. María Luisa Landini.
El próximo año la Maestría comenzará con el módulo Planeamiento y Diseño de la investigación desde la lógica hipotético deductiva, y continuará con Procedimientos de recolección y análisis de datos.
Mientras se desarrolla este posgrado, en el cual están cursando aproximadamente 45 maestrandos, y en el marco de él, en 2015 habrá seminarios (opcionales) tales como Problemáticas del conocimiento científico; Teoría e investigación en comunicación. Campos tradicionales y emergentes; Investigación demográfica; Políticas educativas en América Latina, e Investigación sobre desarrollo urbano y rural, entre otros.
“Tenemos la intención de comenzar 2015 con una nueva cohorte. Hay algunas personas que por distintas circunstancias se inscribieron tarde y cursan algunos módulos con la idea de integrase el año que viene con una nueva cohorte”, indica la Mg. Montañez.
La Maestría en Metodología de la Investigación en Ciencias Sociales tiene una duración de dos años, aparte de la realización de una tesis. Se cursa dos viernes y dos sábados por mes, cada 15 días. “Está planteada para abordar distintas perspectivas en cuanto a metodología, lo cual supone anclarla básicamente en Latinoamérica. Pero esto no invalida recorridos por las metodologías en el mundo, aunque sí hay un acento puesto en lo local, por eso hay seminarios con temáticas como Políticas Educativas en América Latina”, concluye Silvia Montañez.