La insoportable emotividad del mensaje

En una charla debate sobre inseguridad y violencia, Carlos Fager, investigador del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UNSJ, acentuó su intervención en el componente emocional con que los medios elaboran realidades. Según expuso, son mecanismos funcionales a la creación de un imaginario social predispuesto a la estigmatización y al control social.

Por Fabián Rojas

Según dijo Carlos Fager, “en una sociedad en que los medios de comunicación han sustituido las comunicaciones interpersonales, la ficción y la fantasía juegan un papel más importante que la misma realidad. Las personas necesitan que les interpreten los fenómenos con los que a diario deben enfrentarse en una sociedad convulsionada. Es aquí donde los medios, fabricando una nueva realidad, responden a esta demanda constituyéndose en intérpretes y a su vez en agentes de control social”. La afirmación fue parte de una charla debate denominada “Seguridad ciudadana y hechos de violencia desde una mirada interdisciplinaria”, desarrollada en la Facultad de Ciencias Sociales.
“El tema es a qué tipo de destinatario va dirigido ese discurso de los medios. ¿Somos un público menos racional y más emotivo?”, inquirió el docente e investigador del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la FACSO. Luego apeló a frases citadas en proyectos de investigación, las cuales remiten a conductas y discursos habituales de periodistas de medios masivos:

Notero, a una víctima: -¿Qué le diría a los secuestradores de su padre? Aquí tiene las cámaras.
Notero, a un presunto autor de delito: -Míreme a los ojos y dígame la verdad: ¿usted es el responsable del hecho?
Periodista o locutor, a la teleaudiencia: -Llame al teléfono … y díganos si le cree o no al sospechoso… Si está de acuerdo o no con los linchamientos…

Todas ellas, dice Fager, son apelaciones a emociones con altísimo grado de subjetividad. “En el terreno de la criminalidad, pensar que los medios difunden esas noticias con el solo objeto de vender más, es quedarnos solamente en un 30 por ciento de la verdad”, informó, y añadió que, narrados de acuerdo a modelos sensacionalistas, los hechos criminales logran más de un efecto: “Por una parte, vender el producto de la información; por otra, generar estados psicóticos que obligan a consumir este producto con la expectativa de ver satisfechos los deseos de seguridad personal y social”, explicó.

Estereotipos

El docente apuntó que con información selectiva los medios dirigen la conciencia social, acomodan la percepción social del delito a sus necesidades de medios de comunicación y a las del control social. No así a los resultados de investigación criminalística. “Los medios toman la iniciativa -describió-. Se erigen en miembros del sistema penal, indagando acerca de presuntos ilícitos, juzgan y condenan antes que las instituciones de la justicia. A su vez, alientan psicosis y provocan un sentimiento de inseguridad en la sociedad para que ésta reaccione demandando mayor represión del sistema. Con la excusa de lo que ellos llaman periodismo de anticipación, se constituyen en agentes estigmatizantes de algunos sectores sociales, con lo que por un lado dificultan el accionar de la justicia, mientras que por el otro hacen imposible la reinserción social de quienes hayan delinquido”. Por ello arribó a un resultado: “Gracias a los medios de comunicación, la sociedad ya había estigmatizado a ciertos sectores. Si una persona comienza a ser tratada ‘como si fuese’, termina comportándose conforme al rol asignado, con lo cual termina ‘siendo’. Si a esto se le agrega que casi siempre son representantes del mismo sector social las personas que intervienen en los hechos de las crónicas policiales, a la estigmatización se le suma el estereotipo”. Así, Fager remarcó que la realidad prefabricada se convierte en la realidad por antonomasia, porque se cree en ella y se ajusta el comportamiento a ella. “Sin dudas que la realidad puede ser dramática, pero los medios llevan la criminalidad a un extremo de dramatización que termina convirtiéndola en irreal e incomprensible”, subrayó.

El discurso en los medios gráficos

Las crónicas policiales en los medios de comunicación gráficos son narraciones apasionadas en las que el sujeto enunciador muestra a veces sus juicios de valor. “En la mayoría de los casos -advirtió el docente- subyace el pensamiento del medio a través de un discurso cómplice en el que se explicita sin tapujos la opinión y se compele a adherir a ella en tanto se intenta involucrar a toda la población en supuestos que nadie se atrevería a desmentir”. El enunciador, se explayó Fager, se dirige a un destinatario positivo, al que supone coincidente con sus planteos. “Al construir su prodestinatario, entra en contacto con él y se apoya en lo que se llama presuposición de creencia o coincidencia. Es decir, el prodestinatario es un receptor que, se supone, participa de las mismas ideas del enunciador, adhiere a sus mismas valores y persigue los mismos objetivos”, analizó. Ejemplos citados por Fager:
“Pero esta preocupación que nosotros experimentamos es también compartida por distintos sectores de la sociedad sanjuanina”; “La provincia asiste indefensa a esta ola de violencia que la azota”; “La sociedad se pregunta hasta cuándo se tolerarán estos hechos”.
El investigador también enumeró formas, lugares comunes, con que los enunciadores de páginas policiales se sitúan en el mensaje ideológicamente y estigmatizan a sujetos que intervienen en hechos “sin mencionar los alias, los apodos, siempre tan presentes en este tipo de notas”, dijo Fager:
“Los sujetos”, “Los mencionados”, “Los individuos”, “Este sujeto”, “Los implicados”, “Los sujetos de su misma calaña”, “El peligros individuo”, “El tristemente célebre”, “El precoz delincuente”, “Los malvivientes”, “Individuo harto peligroso”; “Los victimarios”, “Los criminales”, “Los marginales sociales”, “El hampón”, “Los malandras”, “Las concubinas de los delincuentes”.
“Un estudio empírico de psicología criminal realizado en Baviera llegó a la conclusión de que las reacciones al hecho y al autor resultan tanto más emocionante cuanto menos objetiva sea la información que sobre el autor proporcionen los medios desde el punto de vista personal y social. En sus representaciones de la criminalidad los medios de comunicación muestran al transgresor como un psicópata, un ser que merece odio y desprecio, un malvado”, cerró Carlos Fager.