¿Qué sienten exactamente las víctimas de bullying?

Cuando a un niño o adolescente le llaman: anteojudo, orejas de elefante, gordo, marica, bolita, etc., se encuentra atrapado en el círculo de dolor provocado por el hostigamiento, que se caracteriza por perdurar en el tiempo.

Por la Dra. Mirta Tosoroni
Facultad de Ciencias Sociales – UNSJ

Según Rodríguez (2004) la víctima pasa por una etapa de estigmatización, de confusión y derribo y por una etapa de aislamiento:

Primera etapa: Estigmatizacion

Ansiedad por saber cómo afrontar la situación de hostilidad verbal con se inician las acciones agresivas. Las expectativas de la víctima están direccionadas solo a no ser blanco de otro ataque, cómo va a hacer para no volver a sufrir por presentar una diferencia ajena a su voluntad. A pesar de su esfuerzo por ser aceptado el grupo ha comenzado a volverle la espalda. La burla y la agresión que la acompaña sistemáticamente, además de la humillación que sufre, determina que la víctima sea estigmatizada.

Segunda Etapa: Confusión y derribo

La víctima ya estigmatizada  no comprende por qué los demás, sus compañeros, lo ven sólo por la diferencia de la cual es portador inocente. No obstante siente que es el único responsable de lo que le sucede. Intenta borrar el atributo causal que le provoca dolor y de algún modo reafirma la creencia de que merece lo que le ocurre. Culpabilizarse de ser de un tamaño diferente- más pequeño o más grande- que la mayoría de los otros chicos de su clase. Podrá culpabilizarse de pertenecer a una raza definida, de ser mujer si la hostigan los varones, de tener un defecto para caminar, de hablar de una manera diferente, de su nombre o de su apellido. Podrá sentirse tan culpable que podría acabar en el ostracismo.
No puede liberarse de la sensación de ser raro, débil y torpe, que no hace nada bien, que todo el mundo lo mira, le apunta…
El miedo y la vergüenza debilitan a la víctima, procura disimular sus rasgos físicos si son motivo del hostigamiento. Uno de los casos ilustrativos, es el de las gemelas mulatas de quince años, víctimas de hostigamiento en el colegio privado al que concurría en la ciudad de Barcelona. La causa a la que se atribuía el maltrato era el rizado de su cabello, lo que las decidió a recurrir a un producto para eliminarlo, produciéndoles su uso una patología en el cuero cabelludo.

Tercera Etapa: Aislamiento

La autoestima ha sido dañada, elige como única opción la cultura del silencio ante el temor que le provocan futuras represalias. Comienza a desarrollar un comportamiento evitativo, elude con cualquier pretexto la asistencia a clase, baja su rendimiento escolar y lograr la invisibilidad ante sus victimarios, es su máxima preocupación. La exclusión comienza perfilarse para este niño/ niña; adolescente mujer o varón, que no quiere estar con sus amigos, jugar ni participar en ninguna actividad que atraiga la atención de quienes lo hostigan(1).

Aún en la actualidad existe controversia entre los investigadores que indagan sobre la temática Hostigamiento Escolar, Intimidación, Maltrato o Bullying, respecto a cómo un estudiante se convierte en víctima de este fenómeno.

Olweus, autor escandinavo, indagó (1978) las causas de por qué determinados niños sufren agresiones, denotándolas bajo el nombre de “desviaciones externas”. Les asignó un carácter negativo y las refiere a los rasgos que contribuyen a que la apariencia física no sea considerada normal por el grupo.
Las desviaciones externas apuntan a aquellos rasgos que tienen relación con la apariencia física y que pueden identificar al individuo y hacerlo diferente del grupo general. Olweus, (1993). El estudio realizado abarcaba catorce características externas evaluadas a partir de la opinión de los profesores. El resultado de sus investigaciones, llevadas a cabo con dos grupos de niños no aportó prueba alguna que apoyara tal explicación.
Por el contrario, se halló que las víctimas no mostraban más desviaciones externas que las presentes en un grupo de control de niños que no sufrían agresiones. Sin embargo, hay una sola desviación externa que se incluye como factor de riesgo y se asocia a la figura del agresor: su fortaleza física, desviación que juega a favor del agresor en relación con sus compañeros en general y de forma acusada si lo comparamos con las víctimas.

Olweus concluyó en que “las desviaciones externas desempeñan una función en el origen de los problemas de agresores y víctimas mucho más pequeña de lo que normalmente se cree” (2). Sin embargo, constituyen un factor de riesgo para la víctima en la medida que son muy diferentes de lo que es la norma del grupo y pueden suponer elementos que pueden ser ridiculizados por parte de los agresores/as.

Ciertas características físicas, opinan otros autores, pueden ser factores causales de hostigamiento y al respecto señalan las discapacidades físicas, la tartamudez, características étcnicas, orientación sexual, etc.

Es decir, que en cuanto a las características físicas no parece haber acuerdo, como queda reflejado en el siguiente cuadro:

Características físicas Investigaciones que encuentran conexión Investigaciones que no encuentran conexión
Características físicas: obesidad, color del pelo, de la piel, discapacidad, torpeza Stephenson y Smith (1989); Lowenstein, (1978);Whitney, Nabuzoka y Smith (1992);Whitney, Smith y Thompson (1994) Junger (1990)Olweus (1973, 1978, 1989); Chazan (1989);Egan y Perry (1998); Stephenson y Smith (1989)
Debilidad física de la víctima Chazan (1989);Egan y Perry (1998);Olweus 1995);
Stephenson y Smith (1989)
West (1990)

De lo que se desprende, para algunos autores, que el hecho de que los o las agresores/as se ensañen en las desviaciones externas de las víctimas como medio para hacer daño no significa que estas desviaciones sean la causa de los ataques. En este sentido las desviaciones tendrían un papel mediador en el inicio de los ataques, pero no decisivo a la hora de desarrollar, salir o solucionar el problema.

Desde nuestro enfoque, optamos por referirnos a las desviaciones externas con el nombre de diferencias externas, pues adherimos a la cultura del otro diferente, como paradigma de encuadre de nuestra tarea investigativa.

Las diferencias externas que parecieran identificar a la víctima y propiciar el accionar violento del hostigador, indagan por qué determinados niños y adolescentes sufren agresiones en el ámbito escolar y qué funciones desempeñan tales diferencias externas cuando hablamos de hostigamiento entre pares (compañeros de escuela).

Causas del bullying (diferencias externas)

Las diferencias externas son aquellas características personales de los niños/as; y/o adolescentes, varones y mujeres, que funcionan como rasgos atípicos para el grupo de pares, contribuyendo su existencia a la selección de la víctima : la obesidad, el color del pelo, las formas dialectales inusuales, el hecho de llevar anteojos, la debilidad física, la discapacidad y defectos de orden físico, la pertenencia a grupos étnicos minoritarios, el género, la apariencia física social, son algunos de esos rasgos que funcionan como atributos disparadores en el origen de los problemas victimas- agresores.

Los niños considerados diferentes son objeto de amedrentamiento, por lo general, no es posible controlar aquello que marca la diferencia: por ejemplo: una mancha de nacimiento en el rostro, la supuesta homosexualidad de un compañero etc. Baugh, (2002)
Los niños con este tipo de características diferenciales, están más expuestos al hostigamiento por parte de sus pares.
Consideramos que reconocer las diferencias externas como causal de atribución negativa en la problemática del hostigamiento escolar, permite la construcción de perfiles identitarios de víctimas y agresores, lo que amplia el universo conceptual y estratégico de afrontamiento del problema a través de la prevención y la resolución pacífica de las situaciones de violencia entre pares en el ámbito educativo.

Abordar el estudio de las diferencias externas que impactan en la génesis del hostigamiento escolar, significa de situaciones de violencia y enfrentar el reto de transformar la cultura del conflicto en expresiones de cultura de paz, a través de procesos más constructivos encarados en la escuela.

 

1- Confr. Rodríguez, N. 2004. P. 96, 97 “ Guerra en las Aulas” Velard. Producciones. Buenos Aires.
2- Olweus, D. (1998) Conductas de Acoso y Amenaza entre Escolares. Morata Madrid.