Tradición y modernidad en la Reforma

El 15 de junio se cumplen 101 años de la rebelión estudiantil de Córdoba y de otras universidades del país. En conmemoración de los sucesos del 15 y 21 de junio de 1918,  Revista la U publicará en varias ediciones sucesivas nuevas reflexiones relacionadas con aquel acontecimiento nacional y latinoamericano.    

 

Por Elio Noé Salcedo*

El movimiento reformista sería incomprensible sin entender, como sostiene el historiador nacional de Córdoba Alfredo Terzaga, que la Reforma tuvo sus fuentes “en la propia tradición cordobesa, tradición que, digamos de paso, también se manifestó en otras provincias argentinas” (1): hablamos de la tradición provinciana indo-hispano-criolla, complementada con la incorporación de una singular visión liberal (afín al  movimiento de modernidad de la época), con raíces nacionales.

De no ser así, no se explicaría la relación del gobernador-caudillo Juan Bautista Bustos (1820-1830) con la Universidad de Córdoba y la creación de la imprenta universitaria, presupuesto de la libertad de prensa y de la libertad de pensamiento en el interior del país; la activa y decisiva gestión del Dr. Manuel Lucio Lucero -ex diputado de la Confederación Argentina-, como fundador de las Facultades de Medicina y Ciencias Exactas estando al frente de la Casa de Trejo entre 1870 y 1874; el movimiento liberal-progresista de los gobernadores Antonio Del Viso (1877-1880) y Juárez Celman (1880-1883) en pos de la modernización de la legislación civil y el progreso integral de la provincia de Córdoba; y hasta la Liga de Gobernadores (iniciada en Córdoba), de neto corte provinciano y anti porteño, que ya en el poder con Roca sancionará la Ley 1420 de Educación Común, tan cara a la reivindicación nacional y progresista de una educación pública, laica y gratuita, todos ellos antecedentes de la Reforma de 1918.

 

La transformación productiva

Fue precisamente a “la Docta” que llegaron los hijos de las olas inmigratorias que habían obtenido un lugar bajo el sol en la campaña cordobesa, debido al desarrollo económico exponencial durante los gobiernos roquistas, dando nacimiento a la clase media argentina, que más tarde se expresaría políticamente a través del yrigoyenismo.

Si como entendiera Federico Engels, “para que naciera el proletariado en Europa debió existir la burguesía” (2), en nuestro país -ante la inexistencia o desarrollo embrionario de la burguesía y el proletariado, engendrados en Europa por el desarrollo capitalista industrial-, para que naciera la clase media argentina debió existir el desarrollo nacional promovido por el roqui-juarismo. En eso consistió en parte el progresismo de ese movimiento histórico antes de su integración al sistema y de su superación por el yrigoyenismo. La capital mediterránea sería en aquellos años el lugar de encuentro entre el nuevo capitalismo agrario que avanzaba desde las fértiles praderas del Este y la vieja Córdoba hispano-criolla que se extendía a sus espaldas, hacia el norte y el Oeste (3).

Asimismo, el antagonismo entre una Córdoba conservatista y clerical y otra Córdoba progresista y liberal, en el contexto y alcance de la época, quedó patente y consagrado, como si se tratara de la coexistencia dramática de dos hermanos enemigos, dentro de los reducidos límites del recinto urbano, cuando aparecieron en Córdoba movimientos nítidamente liberales como el del 80, y sobre todo, la agitación universitaria de la Reforma del 18 (4), tan liberal como profundamente nacional y latinoamericana.

 

Las dos caras de la medalla

En efecto, en Córdoba pervivía debajo de las estructuras del conservatismo social, algo positivo y propio de estos pueblos: el viejo vino de la espiritualidad hispano-criolla que defendía Deodoro Roca (el redactor del Manifiesto Liminar), y que “la juventud del ‘l8 retomó, modernizó y vertió en nuevos odres” (5).

Dentro de la propia fuente provinciana en la que abrevó el movimiento reformista de 1918, podría decirse que la juventud cordobesa del ‘18 desechó los valores negativos de la “Córdoba conservadora, aristocrática y ultramontana”, conservando lo más positivo y perdurable de su tradición espiritual y cultural mestiza amasada en los cuatro siglos anteriores.

En una sociedad como la cordobesa, tan profundamente impregnada desde sus primeros años por la formación religiosa –reflexiona Terzaga-, “nada tiene de extraño que los procesos de cambio, cuando al fin se manifiestan, tomen el color de pro o contra Iglesia” (6), aunque hubiera, como en toda la historia argentina y latinoamericana, laicos y curas en ambos bandos. Baste recordar a los curas revolucionarios Hidalgo y Morelos, en México; al Deán Funes en Córdoba; Fray Luis Beltrán en Mendoza; y Fray Justo Santa María de Oro, en Cuyo y Tucumán, por nombrar algunos históricos.

En definitiva, en la ciudad mediterránea coexistían de alguna manera la Tradición y la Modernidad, que expresaba una ciudad “bifacial”, con una cara mirando a la Pampa Gringa y la otra a la Argentina “peruana”, según la definiera desde Buenos Aires José Ingenieros (7). En suma, una ciudad abierta a la vez a la tradición y a la revolución latinoamericana.

De no ser así, el movimiento de la Reforma de 1918 no hubiera sido tal, pues nada nuevo y genuino se da con prescindencia del contexto y de los antecedentes históricos, y sin trascender lo existente a través de una nueva síntesis.

 

* Diplomado en Historia Argentina y Latinoamericana.

 

  1. Terzaga, A. (1994). “Clericales y Liberales: las dos caras de la medalla cordobesa” (Capítulo 8): en Claves de la Historia de Córdoba. Río Cuarto, Córdoba: Universidad Nacional de Río Cuarto, pág. 194.
  2. Engels F.: “En la medida en que la burguesía desarrolla su industria, su comercio y sus medios de comunicación, en la misma medida engendra el proletariado”. Del mismo modo, al desarrollar la estructura agropecuaria exportadora, el roquismo engendró una amplia clase media rural y urbana.
  3. Ferrero R. A. (2007). La Reforma del 18 y la bifacialidad de Córdoba. Documento remitido a través de correo electrónico por el historiador cordobés (Miembro de la Junta de Historia Provincial) al autor de este artículo, con fecha 13/03/17.
  4. Terzaga (1994), Ob. Cit.
  5. Ferrero R. A. (2008). La Reforma Universitaria y Latinoamérica. Documento remitido a través de correo electrónico por el historiador Roberto Ferrero al autor de este artículo, con fecha 13/03/17.
  6. Terzaga (1994), Ob. Cit.
  7. Ferrero (2008), Ob. Cit.

Ilustración digital para la revista Caras & Caretas (especial 100 años de la reforma Universitaria). Fuente: http://www.andresalvez.com/100-anos-de-la-reforma-universitaria/