Un estudio de sismicidad, crucial para la zona del Túnel de Agua Negra

El análisis comenzó como Trabajo Final de la Carrera Licenciatura en Geofísica, de la UNSJ. Su autora, Ana Carolina Rivas, una vez graduada continuó la investigación con la coautoría del geólogo Gustavo Ortiz y otros científicos de esta Universidad. Desde hace unos días el estudio está publicado en la prestigiosa revista inglesa Tectonophysics.

 

Por Fabián Rojas

Para su Trabajo Final de la Licenciatura en Geofísica, Ana Carolina Rivas, hoy becaria Doctoral del CONICET, realizó un estudio sobre la sismicidad moderna en el norte de la Precordillera sanjuanina o, más precisamente, en el Valle de Iglesia. La importancia de su investigación radicaba y radica en que aquel Departamento del noroeste tuvo en sus entrañas, en 1894, el epicentro del gran terremoto que se produjo en la tarde del 27 de octubre. El sismo causó víctimas cuyos registros varían según publicaciones entre 20 y más de 50 en San Juan, pero además se sintió en otras provincias. Por supuesto, son más impactantes las miles de víctimas del terremoto de 1944, pero ese evento tuvo su epicentro en La Laja -Albardón-, sitio mucho más cercano del conglomerado de habitantes de la vieja ciudad de San Juan.

La investigadora de la Universidad Nacional de San Juan cuenta que para su Trabajo Final eligió ese tema porque esa región “fue la zona epicentral del terremoto histórico de 1894, del cual no se tuvo registro en papel y alcanzó una intensidad de grado IX en el epicentro” y porque “además, no hay estudios detallados sobre la sismicidad de la región”. Aquella investigación luego ampliada hoy se titula Modern crustal seismicity in the northern Andean Precordillera, Argentina (Sismicidad moderna de la corteza en la Precordillera Andina del Norte, Argentina) y fue publicada hace pocos días por la prestigiosa revista científica inglesa Tectonophysics. El estudio remarca que la Precordillera de Argentina, en la zona norte, tiene un largo historial de grandes sismos. “Su parte norte –dice- no es bien conocida sísmicamente y su estilo de deformación se mantiene enigmática”. Por ello, el análisis se enfoca en la sismicidad moderna de la corteza de Iglesia, la misma área del epicentro del terremoto de 1894. Pero de los eventos de aquellos años no existen registros instrumentales, por lo que el estudio aborda los sismos ocurridos recientemente en aquella región. “Las magnitudes de los sismos estudiadas son pequeñas, pero como el lugar fue epicentro de un terremoto destructivo, decidimos analizarlo. Y al no haber registros de aquellos tiempos del terremoto, abordamos la región con la sismicidad actual, por eso el título de la investigación habla de sismicidad moderna. La publicación que está en la revista da cuenta de registros de tres años de sismicidad de la zona, los que arrojaron 44 eventos de entre 1,2 y 4,5 grados de magnitud”, explica Ana Carolina Rivas. En el trabajo además utilizaron como método la geología de superficie a través de análisis de imágenes satelitales.

 

¿Cerca de Cuesta del Viento?

En 2017, y luego de terminar su Licenciatura en Geofísica en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNSJ, Rivas siguió trabajando sobre el mismo tema con el fin de publicarlo en una revista internacional. Por ese motivo amplió la investigación y entonces fueron parte importante otros profesionales de la UNSJ, como la doctora Patricia Alvarado y el licenciado Marcos Podestá, desde la geofísica; y el doctor Gustavo Ortiz, becario posdoctoral del CONICET, desde la geología; mientras que la docente de Inglés Adriana Martín también intervino porque el trabajo fue publicado en ese idioma. “El tema principal de esta investigación es el análisis de la sismicidad actual en la zona del epicentro de aquel terremoto que, según se estima, tuvo lugar en una zona cercana a la represa del Dique Cuesta del Viento”, describe Ana Rivas. “No se sabe a ciencia cierta dónde fue el epicentro de ese gran terremoto, se estima que fue cerca de la actual represa por factores geológicos, por manifestaciones que se descubrieron en el terreno”, completa Gustavo Ortiz.

 

Intensidad

Ana Rivas explica que hacia fines del Siglo 19 por esa zona había muy escasa densidad poblacional, por lo que el sismo no provocó demasiadas víctimas, aunque sí destrucciones materiales. “Además, la gente estuvo alerta porque hubo movimientos anteriores”, dice. Por su parte, Ortiz destaca que el trabajo, en lo relacionado con el gran sismo de finales de aquel siglo, se realizó en base a relatos de la época. “Cuando se considera un evento de gran magnitud se hacen estimaciones de intensidad del fenómeno. Por eso las muertes, las destrucciones materiales, nos pueden informar sobre la intensidad. En esa época no había mediciones instrumentales de sismógrafos”, señala. “Recién en 1922 en Argentina comenzaron los registros de sismógrafos en La Plata. En realidad la intensidad que se estima del terremoto de 1894, que es en la Escala Mercali modificada, es de nueve grados, y la magnitud estimada es mayor a siete en la Escala de Richter”, añade Rivas. La escala de intensidad, que es la de Mercali, concierne a los daños, a cómo incidió un sismo, lo cual se notifica en números romanos del I al XII; la de Richter es una escala de magnitud, puede tomar cualquier valor y da indicios de la energía que liberó el sismo, definen estos investigadores.

 

Cuestión de cálculos

A grandes rasgos, enseñan Rivas y Ortiz, San Juan está divida geológicamente en Cordillera, Precordillera y Sierras Pampeanas. “Aquel terremoto de 1894 tuvo lugar en lo que sería el contacto entre Precordillera y Cordillera. Posiblemente se va a emplazar una megaobra en esa región, como es la del Túnel de Agua Negra, por eso la gran importancia de conocer la sismicidad”, anuncia Ortiz. En tanto, Ana Rivas refiere que la alarma en esta provincia siempre estuvo: “Ya se sabe que San Juan es muy sísmica, entonces lo bueno de estos estudios es poder dar bases y fundamentos y considerar que hay allí sismicidad, dar la idea de que hay que controlar bien los cálculos de las obras y poder realizar construcciones que puedan resistir eventuales sismos”. Los investigadores no dudan en decir que siempre buscan publicar sus trabajos por el bien común, con la expectativa de que los organismos estatales tomen conocimiento de la naturaleza en que se asientan las grandes obras y puedan tomar recaudos esenciales. “Estos son estudios de base que les van a servir a ingenieros civiles que construyan el Túnel, pero también recordemos que en la zona hay un embalse y hay exploraciones mineras”, señala Gustavo Ortiz.

 

En Tectonophysics

La revista científica internacional Tectonophysics es una publicación inglesa especializada en las Ciencias de la Tierra. Se trata de una de las revistas más destacadas en esas áreas, de hecho está en el ranking más alto y es considerada en el mundo de la ciencia como “Excelente”. Los científicos de la UNSJ enviaron el trabajo a fines de 2018 y en febrero pasado la revista londinense les anunció vía mail que había sido aceptado. Desde hace unos días está publicado en el sitio de Tectonophysics. Ahora, los científicos del mundo acceden a ese trabajo.

 

“Lo bueno de la interdisciplinariedad es el complemento que se logra entre los geofísicos y los geólogos es que nosotros, desde la geología, trabajamos más la parte superficial de la Tierra, pero necesitamos de la geofísica para obtener la información del subsuelo. Esto nos da luego modelos que vamos ajustando para observar si pueden o no ocurrir sismos de tal o cual magnitud y sobre qué fallas del terreno” (Gustavo Ortiz).

 

Ana Carolina Rivas y Gustavo Ortiz, autora y coautor del estudio y fuentes de esta nota, son parte del Gabinete de Sismotectónica y del Centro de Investigaciones de la Geósfera y la Biósfera (CIGEOBIO, Instituto de Doble Dependencia UNSJ – CONICET), de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNSJ.