El Inca Garcilaso y el deber del intelectual en América Latina

El Inca Garcilaso de la Vega resulta uno de los escritores e intelectuales sobresalientes de Nuestra América y un precursor destacado de la Inteligencia latinoamericana comprometida con su tierra y con su época.

 

Por Elio Noé Salcedo*

El Inca Garcilaso de la Vega (1539 – 1616) es uno de los grandes representantes de la cultura nuestramericana del período colonial, junto al dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón (1580 – 1639), el poeta Luis de Tejeda y Guzmán (1604 – 1680) y la poetiza, dramaturga y prosista Juana Inés de la Cruz (1648 – 1695).

Emparentado con el famoso Garcilaso de la Vega español, es reconocido como “el primer gran escritor de América que con su quechua natal y el conocimiento heredado del latín hizo del español una lengua americana” (1). Su obra literaria, en la que supo asumir y conciliar sus dos herencias culturales: la indígena y la española, se destaca por el gran dominio y manejo del castellano, por lo que alcanzó gran renombre intelectual en América y la península Ibérica, en la misma época que España transitaba su Siglo de Oro durante el Renacimiento europeo.

En su obra se destacan los Comentarios Reales de los Incas, publicada en Lisboa en 1609. En ella expone la historia, cultura y costumbres de los incas y otros pueblos del antiguo Perú. Considerada la obra cumbre del escritor, sería prohibida por la corona española en todas sus colonias, luego del levantamiento de Túpac Amaru, precisamente por considerar a aquella obra sediciosa y peligrosa para los intereses de la Corona, pues según el criterio de la Inquisición alentaba la sublevación y la restauración del Imperio incaico. La prohibición rigió desde 1781 en adelante, aunque la obra se siguió imprimiendo en España.

Otra obra importante del Inca Garcilaso es La Florida del Inca (publicada en Lisboa en 1605, mientras esperaba la demorada edición de los Comentarios Reales). Se trata de un relato de la conquista española de la Florida en 1513 (2).

Finalmente, aunque existen muchos otros escritos, prólogos y comentarios de los que participó el escritor e intelectual, en 1617 publicó la segunda parte de los Comentarios Reales, más conocida como Historia General del Perú, que vería la luz después de su muerte, en la que el autor trata sobre la conquista del Perú y el inicio de la colonia.

El general San Martín, en su estadía en Córdoba durante la preparación de la campaña libertadora, y en debate la forma de gobierno dentro del marco del Congreso de Tucumán, reunió a lo más granado de la intelectualidad de “la Docta” para proponerles la reedición del libro prohibido por la Corona española, en atención no al valor literario ni histórico de la obra sino a su “más estricta actualidad política”, dado el carácter de la obra “que hace tanto honor a los naturales de este país y descubre, al mismo tiempo, con una moderación digna de las circunstancias, la tiránica ambición y falso celo de sus conquistadores” (3).

La obra del Inca Garsilaso de la Vega y las circunstancias en las que apareció publicada, el revuelo que levantó y las iniciativas que despertó (como aquella del general San Martín), renueva para nosotros un viejo como importante debate: los deberes o funciones del intelectual en una sociedad colonial y semicolonial.

 

La “intelligentzia” en un país semicolonial

En un artículo de 1974 aparecido en el diario “La Opinión” (4), el historiador, pensador y político Jorge Abelardo Ramos se preguntaba: “¿Los intelectuales tienen deberes especiales hacia América latina que exceden la fidelidad específica a su vocación? ¿Hay deberes revolucionarios para el intelectual de América latina?” (5).

A renglón seguido, Ramos se respondía: “La tradición intelectual de la Rusia zarista atribuía a la “intelligentsia” ciertas obligaciones morales. La revolución latinoamericana de nuestro siglo también le impone, de algún modo, algunas determinaciones hacia el drama colectivo” (6).

¿En qué fundamentaba el pensador su tesis?

Es fácil comprender –argumentaba- que la ideología implícita de la “intelligentsia” formada en la sociedad semicolonial ha sido siempre la expresión del conformismo espiritual y de sus valores establecidos. Los rebeldes han sido excluidos de ella… La gran mayoría ha podido sobrevivir en los cargos públicos, la enseñanza, el desierto sepia de los suplementos dominicales en los grandes diarios, y, los más privilegiados, hasta en los escalones inferiores de la diplomacia” (7).

¿Cuáles son históricamente los valores en los que se ha formado esa sociedad?, se preguntaba el escritor.

Y respondía: “Una desproporcionada devoción por la cultura europea; propensión al culto de la forma y al bizantinismo literario; exagerada y a veces aberrante obsesión por el lenguaje y sus mecanismos y un no disimulado desprecio por cuanto el lenguaje debe expresar; defensa del intelectual como casta sacerdotal intangible; una oculta pero férrea adhesión al democratismo formal de los partidos pequeños burgueses, partidarios del “status quo”. Y más allá, en el fondo, bien en el fondo, una cobardía extrema hacia la sociedad que los obliga a ser así. Cuanto digo rige genéricamente para la “intelligentsia”, sea de izquierda o de derecha. Hay excepciones en ambos casos” Por eso, “se experimenta cierto alivio moral cuando no hay hipocresía sino sinceridad total en una confesión, por dura que sea” (8).

Por el contrario, profundizaba, “el malestar moral proviene de la simulación política de ciertos intelectuales, producto de la fragilidad de una sociedad atrasada que impone una verdadera incertidumbre al destino de las clases medias. De ahí las vacilaciones del intelectual, que jamás otorga crédito a la lucha revolucionaria, salvo cuando ésta se ha transmutado en la conquista del Estado”. Del mismo modo, “hay intelectuales a los cuales les gustan los negros de Cuba, pero que detestan los negros de la Argentina. Son revolucionarios en la Isla pero cipayos en su propio país” (9).

Dado que “el intelectual latinoamericano ya ha sufrido todas las influencias posibles –advertía Ramos-, “ahora le corresponde dejarse influir por América latina, que tiene mucho que enseñar a todo aquel que quiera oír”. Por eso, concluía, a tono con el Inca Garcilaso, padre de una gran obra e hijo de su tiempo: “Si hay un deber para el intelectual de la América latina de hoy, consiste en esforzarse por recrear la cultura satélite y en buscar por sus propios medios el rostro y el alma de la Nación despedazada”. Reencontrarnos con nuestro destino “exige saber quiénes somos” (10).  

 

* Diplomado en Historia Argentina y Latinoamericana.

Notas:

1- Palabras del Director de la Real Academia Española, Darío Villanueva, en la conferencia inaugural de la exposición de la obra de Garcilaso de la Vega en España, el 16/06/2016.

2- La soberanía española de Florida luego sería comprada por Estados Unidos en 1819. Los Estados Unidos adquirieron Florida al rey de España, Fernando VII, respetando supuestamente, a cambio, la soberanía de Texas. Dicho acuerdo no se cumplió, y Estados Unidos se quedó con Texas y la mitad del territorio mexicano heredado de España.

3- Felipe Pigna, La voz del Gran Jefe. Vida y pensamiento de José de San Martín, Buenos Aires, Planeta, págs. 262-263

4- La Opinión, diario de Jacobo Timerman, en el que escribían Horacio Verbitsky (Política), Juan Gelman (Cultura), Paco Urondo (Cultura) y Jorge Raboi (Economía), entre otros. Su propietario y varios de sus periodistas fueron secuestrados por la dictadura de 1976.

5- Ramos J. A. (1974). La “Intelligentsia” en un País Semicolonial. “La Opinión Cultura” del 9-12-74.

6, 7, 8, 9 y 10: Ídem.


Imagen de Portada: Retrato del Inca Garcilaso de la Vega, José Sabogal. Fuente: http://cuzcoeats.com/un-pilar-de-la-actualidad-el-inca-garcilaso-de-la-vega/?lang=es