(Infinita) visión

Una muestra en el Museo Provincial de Bellas Artes “Franklin Rawson” en que las técnicas elegidas por las artistas son complejas y desbordan los límites de la tradición.

Alberto Sanchez, curador de la Muestra y las expositoras

Alberto Sanchez, curador de la Muestra y las expositoras Gabriela Riveros, Ivana Goya, Josefina Barud, Graciela Pérez y Adela Cortínez.

Esta exhibición de obras de profesoras del Departamento de Artes Visuales, de la FFHA, es la primera sección de una muestra que se completará a principios de 2014 y que actualmente se puede ver en la sala 3 del Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson. En esta ocasión, las expositoras son Adela Cortínez, Gabriela Riveros, Graciela Pérez, Ivana Goya y Josefina Barud.
Las técnicas elegidas por ellas son complejas, desbordando los límites de la tradición: así, tejer, fotografiar, apropiar, coleccionar y archivar o cultivar pueden ser entendidos como maneras de operar que se comprometen con una pasión compartida por todas: el deseo de mirar y ser mirado, el fuego secreto que anima a la infinita conversación entre obra, ojo y comprensión.
Si bien se trata de una muestra de “artes visuales”, esta exposición destaca por la preocupación de las autoras por problemas de temporalidad, más que de espacio. Ivana Goya construye cajas que simulan determinar un marco para promesas, visiones y mitologías personales, sugiriendo el tiempo anulado y anudado de todo aquello que no se cumple, o de futuro incierto. El tiempo del mito, el tiempo de lo por-venir, el tiempo presente de los objetos cotidianos y el tiempo fantasmal de un pañuelo anudado se congelan en esas cajas.
Adela Cortínez se apropia de algunos trabajos de Luis Polo Suárez Jofré, haciendo vibrar su nombre entre nosotros, en nosotros. En este caso, es claro que la artista se mueve desde un tiempo de rememoración al que no quiere renunciar. El tiempo funciona como un espejo que multiplica infinitamente los ecos de las voces que no hemos perdido.
Gabriela Riveros produce en torno a la actividad de soñar fragmentaciones del pensamiento lineal, poniendo de manifiesto la imposibilidad de una imagen definitiva. El tiempo de los sueños no es equiparable en modo alguno al tiempo que solemos llamar “real”, y cada segundo puede durar eternamente, o bien se puede compactar una gran cantidad de tiempo en la corta duración de una imagen atisbada en sueños.
Josefina Barud recupera el tiempo íntimo de la imagen; cada objeto que atesora en una caja es la reliquia de las voces que –aún- nos hablan desde la infancia, apelan a la primera mirada que recibimos de nuestra madre mientras el mundo era apenas lo que esa caja ahora cobija. Josefina sabe claramente que ese tiempo no va a volver, pero sin embargo intenta resguardarlo, en una conmovedora tarea contra el olvido.
Graciela Pérez demuestra que tejer y cultivar son de alguna manera parte de la misma trama. En esa trama de sus tejidos se albergan las infinitas horas invertidas por miles de silenciosas mujeres de nuestra historia. Y en sus cultivos realizados en pleno museo, aparece el tiempo incierto de las cosas vivas, aquello que crece en el complejo caos temporal de los organismos que buscan subsistir. Sólo la levedad de la luz puede sustentar sus obras, sólo la fragilidad del aire apuntala sus trabajos para que puedan crecer cada vez que respiramos.
El tiempo puede ser un motivo que se percibe en esta muestra, pero de ninguna manera como aquello que se conoce como “tema”, sino como reflexión sobre modos de representar aquello que permanece en el borde de lo invisible.
El arte es uno de los modos universales de construcción de la realidad. La enseñanza del arte lleva en sí misma la construcción de la mirada y por lo tanto, del pensamiento que sostiene esa mirada. Nada seríamos sin esa posibilidad de sostenernos en el mundo.

Alberto Sánchez Maratta

Escribe:
Magíster Alberto Sánchez Maratta
Departamento de Artes Visuales
Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes – UNSJ