Dos mujeres solidarias en la historia de San Juan

Durante los días posteriores al terremoto de 1944, la solidaridad de los artistas quedaría representada por Eva Duarte, quien ayudó en la organización de una colecta nacional. Y el trágico final de un grupo de médicos y enfermeras, entre ellas Ángela Medina, quedaría asociado a nuestra memoria provincial.

 

Por Elio Noé Salcedo

El 15 de enero de 1944 sobrevino a San Juan la tragedia más grande de su historia. Con la adversidad llegó la solidaridad y la entrega desinteresada de muchas manos anónimas. Entre los nombres de esas mujeres generosas que tomaron estado público, hay dos que se metieron en la historia y en el corazón del pueblo sanjuanino a partir de aquella tragedia provincial: el de la Enfermera Ángela Medina y el de Eva Duarte, Evita. No es casual que muchos barrios, escuelas, centros de salud, clubes y calles de San Juan adoptaran el nombre de esas dos mujeres y su recuerdo perdure a través del tiempo.

La memoria de la enfermera Medina está íntimamente ligada con la inmediata solidaridad del país trasandino. Ángela Medina era trasladada en un avión chileno en aquella hora fatal que inmortalizó su memoria. Por su parte, quien sería después Eva Perón, se convertiría en la mujer más activa en la ayuda a la ciudad destruida. Si hubiere que designar un tercer nombre de mujer que se destaque por su generosidad en aquellas tremendas circunstancias, sería el de la hermana provincia de Mendoza, a la que ya hemos dedicado un espacio especial en nuestro recuerdo (“Silencio de radio… y solidaridad”).

 

Ángela Medina

A pocas horas de producirse el terremoto en aquella tarde-noche del ‘44, la solidaridad chilena no se hizo esperar, e inmediatamente se estableció un puente aéreo entre Chile y San Juan (Pocito), a través del aeropuerto El Plumerillo, en el paraje Los Tamarindos, departamento Las Heras, provincia de Mendoza.

En efecto, a las pocas horas del tremendo sismo que se cobró miles de vida, comenzó a llegar a San Juan, sin descanso, la ayuda de Buenos Aires, Mendoza y Chile principalmente. El domingo 16 de enero aterrizaba un avión militar chileno trayendo ayuda, y desde entonces todos los días llegaría un avión del hermano país de Chile con medicinas, mercadería e insumos hospitalarios.

El 20 de enero, en horas de la mañana, partieron de Santiago con destino a San Juan dos bimotores Lockheed Lodestar 503 de la Línea Aérea Nacional (LAN). El primer avión se reabasteció de combustible en Mendoza y continuó su vuelo a San Juan sin inconvenientes.

El segundo avión traía medicamentos y leche fresca en damajuanas. La tripulación estaba compuesta por el capitán Eduardo Lazo (piloto), el teniente Eduardo Bischoffshausen (copiloto), Fernando Mella (mecánico) y Alberto Pulido como representante del gobierno chileno.

Ya en El Plumerillo, se le informó al capitán Lazo que había más de dos mil heridos sanjuaninos en hospitales mendocinos, por lo que era conveniente descargar en aquel mismo lugar los medicamentos transportados, para su uso inmediato. Realizada esta operación, la nave debía seguir viaje a destino con la carga de leche fresca, pero como ahora quedaba un espacio libre, se autorizó a subir al avión a un grupo de médicos y enfermeras que esperaban ser trasladados a la provincia en desgracia.

Aparte de los cuatro tripulantes que venían de Chile, embarcaron los médicos Hugo Bardiani y Ernesto Vicente Ponce (argentinos); los enfermeros cabo 1° Eduardo Caicedo y soldado Fernando Fernández (argentinos); y las enfermeras Ángela Medina, María Josefina Ghiglione, Blanca Clermont y Argentina Zárate (argentinas). Una vez completado el pasaje, la aeronave decoló de Los Tamarindos a las 19 horas de ese jueves 20.

No bien el capitán Lazo hizo despegar el avión, las damajuanas de leche se desprendieron de los cordones que la sujetaban, lo que provocó un desequilibrio que hizo entrar al avión en tirabuzón. Cuando todavía se encontraba a poca altura, al no poder sortear una hilera de árboles, el avión se precipitó a tierra, produciéndose una violenta explosión. Los doce integrantes de la tripulación perecieron carbonizados sin posibilidades de rescate.

Así quedó asociada a San Juan la memoria de la Enfermera Medina en aquel acto solidario con los sanjuaninos en su hora más difícil. Desde entonces San Juan le rinde tributo de distintas formas. Lleva su nombre: un populoso Club Social (centro de actividad física) del departamento Rivadavia, sendas calles de los departamentos Caucete y Rivadavia, un barrio de Desamparados en la capital sanjuanina, y uno de los equipos femeninos de básquet más famosos de la historia del deporte provincial, campeón de 1956, en que se destacaron como jugadoras Alejandrina Pirri, Corina Castenetto, Vitalina Castenetto, Marcelina Navarro e Isabel Rivero, entre otras.

Desde aquella tarde de enero de 1944, Ángela Medina forma parte de la vida sanjuanina, de todos y cada uno de sus días.

 

Eva Duarte

A través de una convocatoria de la Secretaría de Trabajo y Previsión, a cargo por entonces del coronel Juan D. Perón, se organizó una colecta nacional con el fin de recaudar fondos para ayudar a las víctimas de la provincia siniestrada, invitándose a participar de aquella campaña recaudatoria a “todos los representantes del trabajo, banco, industria, comercio, entidades deportivas y culturales”.

Fueron los artistas quienes se pusieron al frente de la colecta nacional, entre ellos Libertad Lamarque, Nini Marshall, Olinda Bozán, Blanca Podestá, Mirta Legrand, Lydia Lamaison, Enrique Muiño, Pepe Arias y Eva Duarte.

De ese grupo –diría Perón- la más activa fue esa chica, que me llamó de inmediato la atención”. Es más, después de conocerse en un Acto en el Luna Park por las víctimas del terremoto, Perón y Eva Duarte no se separarían nunca más hasta la muerte de ella. Debido a esas circunstancias que los comprometió, hay quienes han creído ver en San Juan la cuna del amor de Perón y Evita e incluso el lugar de nacimiento del peronismo.

Por entonces, Eva era ya una personalidad destacada en el ambiente artístico. Desde agosto de 1943 integraba la Asociación Radial Argentina (ARA), de la que sería elegida presidente en mayo del ’44, y había comenzado el año ’44 con un contrato de exclusividad en Radio Belgrano.

Lo cierto es que Eva Duarte se vino por aquellos días, sola y por su cuenta a San Juan, en uno de los aviones que trasladaban profesionales y ayuda a la ciudad devastada, para ver con sus propios ojos la dimensión de la catástrofe. Desde aquí llevaría a Buenos Aires la impresión de lo que pasaba y de cómo se podía ayudar mejor. Desde aquel enero de 1944, incluido, Eva Duarte vendría a San Juan tres veces.

Si esa primera vez lo hizo por su cuenta, interesada en conocer la magnitud de la catástrofe y poder tener una idea adecuada de la ayuda que se necesitaba, la segunda fue cinco años después, el 10 de abril de 1949 para inaugurar obras públicas, escuelas y viviendas para los sanjuaninos junto a su esposo ya Presidente. La tercera sería el 31 de mayo de 1950, esta vez nuevamente sola, para el funeral de su querido amigo y gobernador Ruberto Godoy.

En su segunda venida, el pueblo de San Juan tendría oportunidad de demostrarle multitudinariamente su agradecimiento, tanto al ya entonces Presidente como a la Primera Dama, desde el mismo momento que la pareja llegó en el tren presidencial a la por entonces activa y floreciente Estación San Martín proveniente de Mendoza. Las muestras de cariño se sucedieron durante el largo recorrido por la provincia que hicieron, como así también en el acto final, antes de su regreso a Buenos Aires, en el Estadio Abierto del Parque de Mayo, al que concurrieron 50.000 personas.

Mis sentimientos de argentino –diría Perón- están ligados a este San Juan que en mis primeros pasos en la vida pública quiso la providencia que yo pudiera iniciar una acción en beneficio del castigado pueblo sanjuanino”. Por su parte, la ahora Primera Dama expresó: “En este, mi segundo viaje a San Juan recibo el abrazo emocionado de este pueblo y del Gobierno de esta provincia y lo acepto porque en mí rinden homenaje a las mujeres de toda la Patria”.

En su tercer viaje –el segundo para compartir otro dolor del pueblo sanjuanino-, junto a la esposa del gobernador fallecido, Evita tributaba así un homenaje al gobernante y amigo sanjuanino: “Traigo el saludo del General Perón y el mío propio al amigo Ruperto Godoy. Su vida ha estado dedicada entera al servicio de una causa noble, por eso su recuerdo debe ser venerado como un ejemplo de civismo y hombría de bien. Al despedir al amigo que se ha ido para el viaje sin retorno, deseo dejar junto a su tumba el gran afecto que siempre le profesó el Presidente, en cuyo nombre y en el mío propio le dejo emocionada mi último saludo”. Esa fue la despedida y el último contacto con los sanjuaninos antes de volver en ferrocarril a Buenos Aires, dos años antes de subirse al tren de la gloria que la llevaría a la inmortalidad.

Un autor norteamericano* ha reconocido que, en cantidad de dinero, la de la reconstrucción de San Juan “fue la segunda obra pública del primer peronismo”. A través de la Fundación Evita en particular, se asignaron “casas bien hechas a las familias obreras” y se construyeron –entre otras tantas realizaciones- dos escuelas hogar, “una para niñas y otra para niños” que llegó a ser “un hito muy fuerte en términos de política social de la provincia”.

El mismo autor lamenta que después de 1955, “la Libertadora” nombrara como interventora de la colonia hogar femenina a una abogada, “antiperonista ella”, que convirtió a la escuela hogar “en una agencia de formación y colocación de empleadas domésticas. Su ideario era sacar a esas chicas para que trabajen en casa de familia, de gente como ella o sus amigas”.

Aunque la solidaridad sin condiciones y el amor a los humildes serían reemplazados por la imaginación de la injusticia, ya nadie podría borrar, hasta hoy, la memoria de la enfermera Medina y Eva Duarte en el corazón del pueblo sanjuanino.

* Mark Healey: entrevista de Mario Wainfeld en Página 12, el 7 de agosto de 2006.


Imagen de portada:

Hospital de emergencia en la calle de San Juan después del terremoto. Editado en 1971. Fotografía extraída del libro “Historia Argentina”. Fuente: Diego Abad de Santillán. TEA, Tipográfica Editora Argentina. 1971, Buenos Aires, Argentina.

Evita en en la Colecta Pro – damnificados del terremoto de San Juan. Fuente: http://web.museoevita.org.ar