Las mujeres sanjuaninas y la música

A principios del siglo XX muchas mujeres se desempeñaron como docentes de música desplegando sus potencialidades dentro de los mandatos culturales y por fuera del ámbito doméstico.

 

Por Elio Noé salcedo

Tanto la alfabetización generalizada como la posibilidad de aprender música dentro del ámbito de los conservatorios privados, permitió a las mujeres -sobre todo de clase media-alta- insertarse en el campo laboral de la docencia, prácticamente la única profesión para las mujeres en los primeros años del siglo XX.

Fue la docencia, nos dice Patricia Blanco en su investigación sobre la mujer y la música en San Juan entre 1900 y 1930*, la que permitió superar las dificultades que a principios del siglo XX tenían las mujeres para ejercer y desarrollar su vocación profesional.

Si bien no se consideraba una profesión, y más bien se la relacionaba a una idea de vocación y maternidad -señala la investigadora-, no obstante les abrió puertas para desplegar sus aptitudes y potencialidades dentro de los mandatos culturales. De este modo las mujeres se desempeñaron como docentes de música sin necesidad de enfrentar el modelo vigente, puesto que contaban con la aprobación de la sociedad, que a su vez les confiaba la formación musical de sus hijos.

Una de las primeras manifestaciones protagónicas de las mujeres en el siglo XX –afirma Blanco- fue en el mundo de la música, en tanto “las prácticas musicales permitieron a las mujeres pertenecientes a un grupo social hegemónico, superar el rol de domesticidad. Sumado a ello, factores de poder y de familia incidieron en su desarrollo musical profesional, situación que finalmente favoreció sus propias condiciones de existencia”.

Ello ocurrió, dice Patricia Blanco, dado el “mar de fondo” que impregnó la cultura entre 1900 y 1930 y permitió lo que esta autora ha dado en llamar la “liberación espiritual” de tantas mujeres.

En San Juan–apunta la investigación- hubo un espacio público y uno privado cuyos límites fueron imprecisos. Recuperar la historia de la mujer no sólo implica describir las diversas actividades musicales sino tratar de interpretarlas en el marco de las relaciones de poder que las determinaron, sin olvidar factores como los de clase social, estado civil, edad y otros de índole cultural que siempre fueron cambiantes”.

En efecto, “el espacio privado por su parte era el del ámbito hogareño, en el que las niñas pertenecientes a las familias burguesas aprendían las primeras lecciones musicales, especialmente aprender a tocar el piano, junto a las típicas labores de la casa. Estas niñas y mujeres fueron destinatarias de un tipo de literatura musical producida especialmente para ellas”.

En el contexto cultural de la época analizada, la Mg. Blanco descubre a su vez un espacio musical ocupado por las mujeres -“los lugares donde la música se convertía en vehículo de socialización, sobre todo de la clase media y alta que es la que tenía acceso al mundo “culto” de la música (el de la ópera, por ejemplo)”-, y dentro de ese espacio público, las prácticas musicales que los mandatos culturales les permitieron elegir a las mujeres, agrupadas como intérpretes de instrumentos, cantantes y compositoras.

Lo paradójico”, entiende la autora del estudio citado, es que “la vida de estas mujeres  transcurrió entre dos espacios, entre dos mundos, si se quiere: el público y el privado, logrando combinar ambos heroicamente en algunos casos y, en otros, renunciando finalmente al público”.

No obstante, a pesar de que muchas mujeres llenaron el espacio de la música, en este campo, como sucedía también a nivel mundial, “prevaleció una relación asimétrica generada por una situación de inclusión y exclusión con relación a las oportunidades de formación específica de las mujeres”, dificultándose además las posibilidades de circulación de sus obras musicales “por la discriminación de la cual ellas eran objeto en esa época. Por otra parte, “fueron las mismas mujeres las que se mantuvieron fuera del canon, salvo algunas excepciones”.

La creciente actividad cultural y social promovió la construcción de espacios necesarios para llevar a cabo conciertos, veladas, bailes y puestas en escena de óperas y zarzuela, de modo tal que a comienzos del siglo XX, biógrafos (cines) y teatros fueron los lugares donde se afianzaron los modelos “para ver y para ser” que impregnaron el siglo XX.

En ese sentido, las mujeres sanjuaninas tuvieron un espacio, pues además de ser las protagonistas de la vida artística de la provincia, también se desempeñaron como mecenas y organizadoras de todo el quehacer literario-musical agrupándose en Sociedades y Asociaciones.

 

* Mg. Prof. P. Blanco (2008). Mujeres, música y memoria en San Juan. 1900-1930.


Imagen de portada: Clase de teoría musical dictada por la Srta. Marta Curubeto Alexander en los años `20 Fuente: Museo de la Escuela Normal Sarmiento. Extraída de http://www.sanjuanalmundo.org