Antecedentes patrióticos de una heroína americana

Por muchos años se creyó que las mujeres no eran aptas para defender la patria. La vida y lucha de Juana Azurduy da por tierra con esas pretensiones y creencias.

 

Por Elio Noé Salcedo

Por muchos años se creyó que las mujeres no eran aptas para defender la patria. Tal vez por eso y otros argumentos de indudable raíz machista, a comienzos del siglo XX no figuraban en los registros para el servicio militar. Y por ser estos la base del padrón electoral, tampoco figuraron en la Ley Sáenz Peña como ciudadanas con derecho al voto  universal, obligatorio y secreto.

Aunque las mujeres pudieron votar desde 1927 en San Juan y a partir de 1949 en todo el país, e incluso se ha avanzado mucho en las reivindicaciones de la mujer como sujeto de derecho, no obstante muchos prejuicios han seguido a la orden del día, como ése otro que pretende instalar la creencia de que bolivianos, paraguayos, chilenos, peruanos y uruguayos son extranjeros (mencionamos solo a los latinoamericanos más cercanos) y, como tales, no deben ser atendidos gratuitamente en los hospitales argentinos. La vida y lucha de Juana Azurduy da por tierra con esas pretensiones y creencias y desvirtúa los argumentos que quieren “naturalizar” o legalizar esas situaciones de discriminación antifeminista y anti latinoamericana.

 

Una mujer americana

Un 3 de marzo de 1816 Juana Azurduy de Padilla, al frente de 200 mujeres indias a caballo (apodadas Las Amazonas), derrotó a las tropas españolas en el Alto Perú (hoy territorio boliviano) y liberó a su esposo, el general Manuel Ascensio Padilla, que estaba prisionero desde 1814. Después de la batalla, fue nombrada teniente coronel del Ejército Libertador de las Provincias Unidas del Río de la Plata, del que era integrante con otras mujeres indias y mestizas, siendo así la primera mujer con rango militar en América y el mundo.

Curiosamente, tanto Juana Azurduy como el Presidente de la Primera Junta del gobierno revolucionario de 1810, el Comandante de Patricios Cornelio Saavedra, habían nacido en Potosí, territorio que después de 1825 formaría parte de Bolivia, nombre que adoptaría el Alto Perú en honor al Libertador Simón Bolívar. 200 años después, los bolivianos son estigmatizados como extranjeros a los fines de no otorgarles los derechos sanitarios que otorga el sistema de salud pública del territorio que hoy conocemos como la Argentina. Se desconoce que esos habitantes del suelo americano dieron sus posesiones, su sangre e incluso su vida por la emancipación de la misma y grande patria.

Cabe preguntarse: ¿se le puede negar a quien comandó la Revolución de Mayo, y a una generala del Ejército Libertador –que combatió junto a Castelli, Belgrano, Díaz Vélez, Balcarce y Güemes- el derecho a la salud para sus descendientes? ¿Es eso sólo olvido o flagrante desconocimiento? El olvido, como bien decía Borges, también es memoria.

Recordemos que hasta 1825 en el caso del Alto Perú (Bolivia) y hasta 1828 en el caso de la Banda Oriental (Uruguay), argentinos, bolivianos y uruguayos formábamos parte de una misma unidad territorial, las Provincias Unidas del Río de la Plata (Virreinato del Río de la Plata, antes de la Independencia). En lo que atañe a Sudamérica -siendo solo provincias de una Nación en gestación junto con Chile, el Perú y la Gran Colombia-, en la lucha por la emancipación de Nuestra América se mezclarían hombres y mujeres de todo el territorio americano.

 

Juana Azurduy y la salud de la Patria

En 1810, Juana Azurduy se incorporó al ejército libertador de Manuel Belgrano, quien llegó a entregarle su propia espada en reconocimiento a su labor y la convirtió en la primera mujer en integrar el Ejército del Norte. En agosto de 1816, se unió a la guerrilla del salteño Martín Miguel de Güemes y liberó el norte de Argentina del control realista.

Como comandante de un ejército de indias y criollas, apodadas “Las amazonas”, ayudó a crear una milicia de más de diez mil combatientes, dirigió varios de sus escuadrones y libró más de treinta combates para liberar el Alto Perú y el actual Norte argentino del domino español.

En la lucha por la salud de la Patria por nacer, Juana Azurduy vivió momentos extremadamente críticos, tanto que sus cuatro hijos mayores Manuel, Mariano, Juliana y Mercedes murieron de hambre. Cuando esperaba a su quinto hijo, fue herida durante la batalla de La Laguna y quedó viuda cuando su esposo intentó rescatarla. El cuerpo del general fue colgado en la Laguna y la heroína, incluso en su estado, y al mando de una centena de soldados rescató el cuerpo de su esposo.

Después de perder su casa, sus hijos y sus esposo, fue a vivir a Salta, en donde en 1825 el libertador Simón Bolívar, la visitó, y tras ver la condición miserable en que vivía, la ascendió al grado de coronel y le otorgó una pensión.

Murió el 25 de mayo de 1862 en la provincia de Jujuy, a los 82 años de edad, en la soledad, el olvido y la pobreza absoluta. Fue enterrada en una fosa común y 100 años después sus restos fueron exhumados y depositados en un mausoleo que se construyó en su homenaje en la ciudad de Sucre.

En el 2015, el presidente de Bolivia, Evo Morales, y la ex presidenta de Argentina, Cristina Fernández, después de nombrarla Mariscal de Bolivia y Generala del Ejército Argentino en forma respectiva, inauguraron en homenaje a ella la estatua de bronce más grande de la Argentina: un monumento de nueve metros de alto en uno de los jardines de la Casa Rosada que la recuerda como una mujer nuestramericana.

 

Elio Noé Salcedo es Diplomado en Historia Argentina y Latinoamericana.


Imagen de portada: Museo Histórico Nacional – Juana Azurduy. Óleo sobre tela. Autor desconocido.