La unidad obrero-estudiantil y el Cordobazo

La unidad del estudiantado con las masas obreras había comenzado a gestarse en la cuna de la Reforma. Luego de arduas luchas ideológicas, el 29 de mayo de 1969, los encontró unidos otra vez.

 

Por Elio Noé Salcedo*

La unidad obrero-estudiantil estuvo en el espíritu de la Reforma de 1918 desde su misma concepción, aunque no siempre fuera respetada por los propios reformistas si atendemos a su actitud y/o conducta en 1930, 1945, 1955 e incluso después de esas fechas históricas.

Lo cierto es que esa asociación de intereses e ideales había comenzado a gestarse en la cuna de la Reforma, a mitad de la segunda década del siglo XX, cuando los sindicatos, influenciados por los socialistas, apoyaron en 1915/16 a los nacientes Centros de Estudiantes de Medicina y de Derecho.

Al estallar el 15 de junio de 1918 la Reforma, la Federación Obrera Local de Córdoba (FOLC) y el Partido Socialista Internacional (PSI) se pronunciaron a favor del estudiantado. Asimismo, cuando los estudiantes forzaban la Intervención de la Universidad en septiembre de 1918, la Federación Obrera resolvió en pleno darle su apoyo (1). Por su parte, “una de las huelgas más memorables del movimiento obrero de Córdoba”, protagonizada por los obreros del calzado, triunfó por el decidido apoyo de la FOLC, la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) y los profesionales liberales de “Córdoba Libre”, donde se agrupaban los principales reformistas (2).

La Semana Trágica de enero de 1919 también los encontraría juntos. En Córdoba, la FOLC y la FUC repudiarán los hechos en un comunicado conjunto, lanzando una huelga por 48 horas en solidaridad con los obreros reprimidos en Buenos Aires. La alianza obrero-estudiantil de Córdoba sería la primera de América Latina, cuyo ejemplo más cercano a nivel latinoamericano será el “frente de trabajadores manuales e intelectuales” de Perú, dado en el seno de la Alianza Popular Revolucionaria Antiimperialista (APRA) que creara y liderara el dirigente reformista Raúl Haya de la Torre (3).

La original alianza sería desvirtuada con el apoyo al golpe septembrino de 1930, y en 1945. Al manifestarse la nueva clase obrera industrial, el movimiento reformista tendría una conducta manifiestamente inamistosa con ella, prolongándose más allá del golpe de 1955.

 

La reconstitución de la unidad obrero-estudiantil

La reconstitución de la tradicional alianza obrero-estudiantil -señala Ferrero- “daría comienzo ya en los años 1957/58” (4).

En efecto, fue en ese año de 1958 que, a raíz de la lucha contra la enseñanza mal llamada libre, la CGT cordobesa acompañó con sus simpatías las movilizaciones del estudiantado reformista. “Podría incluso hacerse retroceder esa fecha –dice el historiador de la Reforma- si tenemos en cuenta que la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) adhirió expresamente, mediante una declaración, al paro general que la Central cegetista declaró en Córdoba el 12 de julio de 1957” (5), aunque lo específico de esta nueva etapa de reconstitución de esa alianza “fue que se realizó con los sindicalistas peronistas” (6).

El 1º de octubre de 1959, oradores estudiantiles hablaron en la sede de la CGT adhiriendo a la huelga de la UOM por entonces en curso. Días después, el 17 de octubre, fecha histórica del peronismo, una delegación de la CGT habló en el Cuarto Congreso de la Federación Universitaria Argentina (FUA) reunido en Córdoba. Un año después, a fines del ’60, la CGT de Córdoba prestó sus instalaciones para que los estudiantes celebraran sus asambleas que condujeron a la huelga grande de la Facultad de Derecho contra el examen oral y escrito. Lo mismo hizo la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). Tanto ATE como SUOEM (Sindicato de Obreros y Empleados Municipales) y otros gremios, hicieron público su apoyo a los huelguistas. El propio secretariado de la CGT en pleno, el 23 de febrero de 1961 resolvió hacer llegar “su más ferviente adhesión a los estudiantes universitarios por su firme postura al declarar la huelga universitaria” (7).

Al principio del año siguiente, estudiantes universitarios dieron un nuevo paso en esa misma dirección, llamando a la FUA a apoyar las fórmulas gubernativas de la “Unión Popular” (nombre con el concurría el peronismo proscripto) para las elecciones del 23 de marzo de 1962, que causarían la caída de Frondizi y la anulación de las elecciones debido al triunfo del peronismo en la Provincia de Buenos Aires. Ese mismo año, en el Seminario de Tucumán, uno de los despachos de la reunión (que expresaba una de las dos posiciones históricas del reformismo) se autocriticaría la conducta del pasado contra el peronismo.

 

El Movimiento Estudiantil y el Cordobazo

En esas condiciones, y después de arduas luchas ideológicas, el movimiento estudiantil llegó al 29 de mayo de 1969, volviendo a unir en la lucha a obreros y estudiantes: la primera víctima de la represión en el Cordobazo fue el obrero mecánico Máximo Mena, y la segunda, el estudiante de Arquitectura Raúl Castillo (8).

Los sucesos que llevaron a la gran sublevación popular de Córdoba se desarrollaron no solamente en esta ciudad sino en el Litoral y las provincias interiores. De tal modo, “a partir de la resistencia de la Universidad del Nor-Este (Resistencia-Chaco) del 15 de mayo, las movilizaciones se extienden como un reguero de pólvora a Rosario, Mendoza, San Juan, Tucumán y Salta”. No obstante, en la capital mediterránea, “a diferencia de lo que estaba ocurriendo en otras ciudades, es en cambio la clase obrera quien toma la iniciativa” (9), aunque los estudiantes aceptaron esa dirección en la lucha, como debía ser (10).

En Buenos Aires las dos CGT (De los Argentinos y de Azopardo) habían programado un paro nacional para el día 30 de mayo. Las dos regionales de Córdoba ratificaron el paro nacional, pero lo adelantaron un día –el 29, con movilización al centro a partir de las 11-, para hacerlo por 48 horas y confluir al día siguiente con el paro nacional. Los estudiantes, en Asamblea Permanente, adhirieron masivamente a las medidas de la CGT local, salvo algunas organizaciones de ultraizquierda que se autoexcluyeron por desconfiar del sindicalismo (11).

Desde temprano, centenares de estudiantes se sumaron a la columna del SMATA (Elpidio Torres) que descendía por la Av. Vélez Sarsfield hacia el centro. La otra columna importante, la de Luz y Fuerza, tan numerosa como la anterior, llamada “la columna obrero-estudiantil de Tosco”, avanzó por La Cañada hacia Vélez Sarsfield. Una tercera columna, encabezada por dirigentes de AUN, que adhería a la corriente política de Abelardo Ramos, bajó desde la Plaza Colón hacia el centro, siendo rechazada por la policía montada, por lo que debió retomar la marcha por otra calle secundaria. En otras columnas se integraban militantes de AREI (MNR) y militantes de la UTN. Al medio día, alrededor de 1.500 estudiantes ocuparon el Palacio de Justicia organizando un gran acto en su interior, que repitieron en el Palacio Municipal, una cuadra más cerca del centro (12). Otros centenares de estudiantes descendieron desde el barrio Clínicas en dirección al centro, incendiando la aristocrática confitería La Oriental (frente a Plaza Colón) y Xerox (por Av. Colon). En otros puntos de la ciudad, otros estudiantes harían lo mismo con la Citröen y el Círculo de Suboficiales del Ejército (cerca de la Ciudad Universitaria), símbolos del poder que sometía a la Argentina (13).

Cuando Agustín Tosco y Elpidio Torres fueron detenidos por el Ejército en las primeras horas del día 30 y sometidos a Consejo de Guerra junto a algunos estudiantes, la participación obrera en los sucesos disminuyó notoriamente. Por eso, “los estudiantes y vecinos del Barrio Clínicas se constituyeron en el último bastión de la revuelta popular” (14). Según Carlos Scrimini, “el movimiento estudiantil aportó por lo menos 10 mil estudiantes” de los 30 o 35 mil participantes del Cordobazo en aquel 29 de mayo de 1969 que hizo caer en definitiva el gobierno de Onganía (15).

De estos sucesos y de esta época data la incorporación al movimiento estudiantil de los Cuerpos de Delegados y las Coordinadoras por Facultad, “auténtico fruto de la espontaneidad del movimiento” de 1969 (16). La reconstitución de la FUA en 1970 con los principales actores estudiantiles del Cordobazo sería consecuencia directa del balance del movimiento estudiantil sobre sus auténticos y valerosos representantes en aquellas históricas jornadas de lucha obrero-estudiantil, y de un fenómeno creciente: la nacionalización de las clases medias.

 

* Diplomado en Historia Argentina y Latinoamericana de la UNSJ y de la UNVM.

Notas:

1- A. Ferrero (2009). Del Mutualismo al Cordobazo. Breve Historia del Movimiento Obrero de Córdoba. Ediciones del CEPEN, pág. 43.

2- Ídem, pág. 44.

3- Ídem, pág. 45.

4- Ídem, pág. 131.

5- Ídem pág. 131-132.

6- Ídem, pág. 132.

7- Ídem, pág. 133.

8- A. Ferrero (2009). Historia Crítica del Movimiento Estudiantil de Córdoba. Tomo III (1955-1973). Córdoba: Alción Editora, pág. 191.

9- Ídem, pág. 191.

10- Idea sostenida por el Partido Socialista de la Izquierda Nacional en “Crónica de la Córdoba revolucionaria”, aparecida en “El Cordobazo” (1974), Buenos Aires: Editorial Octubre, pág. 75; y en F. J. Delich (1974). “Crisis y protesta social”, Buenos Aires: Editorial Siglo XXI”, pág. 58-59.

11- Ferrero, ob. cit., pág. 193.

12- Ídem, pág. 195.

13- Ídem, pág. 196.

14- Ídem.

15- Scrimini, en Página 12 del 29 de mayo de 1994, pág. 35.

16- Ferrero, ob. Cit., pág. 197.


Imagen de portada: Fuente: La Tinta.com.ar