La Reforma en las Universidades argentinas

La Reforma iniciada en Córdoba, prendió fuertemente en las otras provincias, comenzando un movimiento nacional.

 

Por Elio Noé Salcedo

Los acontecimientos de junio de 1918 en Córdoba, casi en forma instantánea, alcanzaron resonancia nacional y latinoamericana. En nuestro país, en las universidades de Buenos Aires –fundada en 1821-, Santa Fe –1889-, La Plata -1890-, y finalmente en la de Tucumán –fundada apenas seis años antes de la Reforma-, incidió fuertemente el movimiento cordobés. Al tiro –como dirían nuestros hermanos chilenos-, la Federación Universitaria Argentina (FUA) se solidarizó con sus compañeros del Interior.

Distintas personalidades del quehacer nacional y organizaciones de todo tipo inmediatamente hicieron llegar su apoyo al movimiento cordobés, entre ellos: José Ingenieros, Juan B. Justo, Leopoldo Lugones, Augusto Bunge, Alfredo Palacios, Mario Bravo, Ramón J. Cárcano (ex gobernador de Córdoba), FORA (Federación Obrera de la República Argentina), Federación Agraria Argentina (FAA) y el flamante Partido Socialista Internacional.

 

La respuesta de las otras Universidades

Al telegrama de los reformistas cordobeses –“¿Están con nosotros?”-, la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) contestó: -“Estamos con ustedes en el espíritu y en el corazón”-. Desde el primer momento, la FUBA brindó su apoyo y admiración al movimiento de la docta.

La Federación Universitaria del Litoral (Santa Fe) fue la primera en invitar a visitar su provincia a los reformistas cordobeses. Una vez triunfante allí la Reforma, dirigentes de la FUL viajaron a Córdoba para ofrecer cátedras a los líderes del movimiento: Saúl Taborda, Deodoro Roca, Arturo Capdevila, Arturo Orgaz y Enrique Barros.

En Tucumán, fue el propio Rector y fundador de la Universidad, el Dr. Juan B. Terán, en julio de 1919, quien adhirió al espíritu de la Reforma cordobesa, autorizando la presencia de un delegado de la Federación Universitaria de Tucumán en el Consejo Directivo, cada vez que desearan presentar a la consideración del cuerpo directivo cualquier asunto.

En La Plata se logró la renuncia del Rector y su reemplazo por otro que adhiriese al reformismo. A su vez, los universitarios de La Plata invitaron a Saúl Taborda a hacerse cargo del Rectorado del Colegio Nacional Anexo de aquella ciudad, cargo que  ejerció solo un año, desde 1921 a 1922, al comenzar “un movimiento general de reacción social y política en todo el país, que se reflejaba también en la Universidad” (1), coincidente con el término del primer período de Hipólito Yrigoyen y la llegada al gobierno de Marcelo Torcuato de Alvear, de signo ideológico distinto, a pesar de ser del mismo partido. Ese es el origen de ambas tendencias históricas: la nacional yrigoyenista, por un lado, y la neoliberal, por otro.

En La Plata, Taborda debió luchar, no contra la jerarquía clerical, como en Córdoba, sino contra la “oligarquía liberal, positivista y cientificista” –motor de la Contrarreforma– que lo obligó a renunciar.

Al comenzar la década del 30, que con razón pasaría a la historia como la Década Infame, Saúl Taborda advertiría que muchos miembros de la burocracia académica apoyaron a la Reforma mientras ésta se limitó a la Universidad, pero se le opusieron cuando trató de cambiar la formación de la juventud desde las mismas raíces, vale decir, en la enseñanza primaria y secundaria (2). “Tal como aconteciera en el Colegio Nacional de la Plata –la magna quies-, se convirtieron en reaccionarios feroces” (3), disparó Taborda al relacionar el doloroso acontecimiento de su renuncia con los sucesos políticos de 1930. No olvidemos que la FUA se lanzó a la huelga durante ese año, no ya contra la oligarquía universitaria sino junto a la oligarquía, contra el gobierno de Hipólito Yrigoyen y a favor del golpe septembrino.

 

El carácter de la Reforma en cada Universidad

En su “Historia Crítica del Movimiento Estudiantil de Córdoba”, Roberto A. Ferrero** sostiene que la Reforma fue anticlerical en Córdoba, “por las especiales circunstancias que aquí reinaban”, y también fue anticlerical en Santa Fe, pero “fue antiliberal en La Plata, Buenos Aires y Tucumán, siendo nacional en todas partes” (4), en un doble sentido: además de defender la inserción de la nueva clase media en la sociedad argentina, “repudiaba la Universidad muda y sorda a los requerimientos del país, así como su actitud tributaria hacia las formas culturales europeas más envejecidas” (5).

El rasgo anticlerical de sus comienzos en Córdoba –explica por su parte Ramos- “se fundaba en la naturaleza de la enseñanza, que no admitía paralelos con las restantes casas de estudios…” (6). De ahí “el carácter anticlerical que inviste la revolución universitaria de Córdoba y Santa Fe”, distinta al movimiento reformista de La Plata, Buenos Aires y Tucumán, donde se habían tomado algunas medidas para contrarrestar el “medievalismo” educativo, pero donde subsistían camarillas profesorales de la oligarquía liberal (7). En síntesis, “el tradicionalismo católico reaccionario o el preciosismo europeo más sofisticado se distribuían las luces y sombras del cuadro” (8).

La Reforma Universitaria fue nacional en el sentido político, ideológico y social del término, “porque expresaba la inserción de las clases medias en la sociedad argentina y porque, buscando una ideología propia, repudiaba a las dos vertientes más enajenadas de la cultura oficial: el tradicionalismo reaccionario (retrógrado) y el liberalismo positivista oligárquico” (9). Y debió ponerse en contra de esa oligarquía, porque –en el decir de Gabriel Del Mazo- la oligarquía “desdeñó los valores éticos y estéticos, y consideró el progreso material sin preocupación por la justicia, el ideal superior de los argentinos” (10), despreocupación que, en su intercambio epistolar de 1830 (11), el Gral. San Martín y el autor de nuestro Himno Nacional habían calificado como el principio de la contrarrevolución.

* Diplomado en Historia Argentina y Latinoamericana de la UNSJ y UNVM.

** Recientemente, el historiador cordobés fue designado “Investigador independiente del Instituto Interdisciplinario de Estudios e Investigaciones de América Latina” de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), en razón de sus antecedentes, mérito y aportes a la historia argentina y latinoamericana.

Notas:

(1)  R. A. Ferrero. Saúl Taborda. De la Reforma Universitaria a la Revolución Nacional. Alción Editora, Córdoba, 1988, pág. 58.

(2) ídem, pág. 59.

(3) Carta Abierta del Dr. Saúl A. Taborda dirigida al Dr. Nazar Anchorena. Aparecida en La Voz del Interior el 6 de diciembre de 1922.

(4) R. A. Ferrero. Historia Crítica del Movimiento Estudiantil de Córdoba. Tomo I (1918-1943). Alción Editora, Córdoba, 1999, pág. 17.

(5) J. A. Ramos. Revolución y Contrarrevolución en la Argentina. La Bella Época. Publicación del Honorable Senado de la Nación, 2006, pág. 237.

(6) ídem, pág. 236.

(7) Ídem, pág. 237.

(8) Ídem, pág. 237.

(9) Ferrero, Ob. Cit., pág. 23.

(10) G. Del Mazo. Vida de un político argentino. Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1976, pág. 141.

(11) Correspondencia del 4 de enero de 1830 entre Vicente López y Planes y el Gral. José de San Martín en el exilio.

 


Imagen de portada: En 1905 se inaugura la  Universidad Nacional de La Plata. Fuente de la imagen: http://www.unlp.edu.ar