Arte rupestre en el Cerro Blanco

El profesor de Historia y Arqueólogo Alejandro García, investigador de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, desarrolló un trabajo de investigación acerca de los petroglifos encontrados en Zonda.

 

Por Belén Ceballos

Los indígenas construyeron  el “Canal del Indio”, ubicado en el Departamento de Zonda. Ese canal nacía a la vera del Río San Juan, en el borde del Cerro Blanco. En el marco del estudio de este sistema de canales se pudieron localizar a los petroglifos en esta zona.

Un petroglifo es una de las distintas manifestaciones de arte rupestre. El arte rupestre está constituido por imágenes que son realizadas en superficies rocosas. Dentro de este arte hay tres tipos de manifestaciones. La primera son las pinturas, como es el caso de la Cueva de las Manos en Santa Cruz o la de Altamira, en España. La segunda son los petroglifos, que son grabados en piedra, generalmente picados con una roca más dura y la tercera son los geoglifos, figuras hechas en grandes extensiones poniendo o sacando piedras, como las que se pueden encontrar en el desierto de Nazca.

El periodo Aguada local se extiende aproximadamente entre el año 600 d.C.y el 1100 d.C. Con respecto al registro arqueológico Aguada, si bien se han hallado representaciones rupestres, en ningún caso se hallaron asociadas a los sitios habitacionales. Los estudios de estos sitios indican que las principales características del período Aguada local incluyen la aparición de patrones rectangulares en las estructuras habitacionales, un creciente desarrollo de la agricultura y la cría de llamas, el afianzamiento del sistema de asentamiento aldeano, la utilización de tumbas monticulares, evidencias de culto al cráneo, los primeros registros de metalurgia, y algunos elementos novedosos, como la cerámica Aguada, las pipas acodadas y tembetás de botón. petroglifo_zona_Cerro_Blanco_SanJuan_2

En el Cerro Blanco se encontraron algunos petroglifos que presentan características que permiten asociarlos con esta época. La iconografía local sufrió cambios importantes, relacionados a lo ideológico y eso está representado parcialmente en este lugar. La mayoría de las representaciones encontradas son figurativas y refieren a antropomorfos, camélidos, huellas de aves, felinos y serpientes.

Una de las imágenes hallada fue la anfisbena de rasgos felinos. Este signo está compuesto por una serpiente con dos cabezas de aspecto felínico. En el noreste argentino al hablar de felinos los investigadores se refieren al jaguar, pero en este caso probablemente los indígenas del valle tenían en mente al puma local. Lo destacable en el caso de Cerro Blanco y de algunos sitios cercanos es el interés de felinizar la figura humana o la de las serpientes con algunos rasgos distintivamente felinos, como las orejas, las fauces, la cola y las garras.

Estos petroglifos, en los que la presencia de serpientes es muy importante, fueron encontrados al lado de un sistema de canales de riego en Zonda, que corren por las laderas de las Sierras Azules, lo que hace suponer que efectivamente  la figura de la serpiente estaba especialmente vinculadacon el agua, y esto se da también en otros sitios arqueológicos del oeste de San Juan, como los ubicados en las quebradas de Concontay Agua Blanca, sumado a un afluente del Río Ansilta. “Si bien no hay una relación directa entre los cursos de agua y las imágenes de serpientes, resulta de gran interés que la misma haya sido constatada en varios lugares”, resaltó Alejandro.

Al encontrar un sitio arqueológico o frente a alguna manifestación de este tipo es recomendable no extraer piezas ni alterar el lugar, ya que eso atenta contra su conservación y la información que contiene. La persona que lo encuentra debe comunicarse con profesionales que saben del tema o contactar a alguna autoridad local y comentarle sobre el hallazgo.

“En el caso del Cerro Blanco, a diferencia de otros que son conocidos por los ciudadanos, como es el caso de algunas quebradas del Cerro Pie de Palo, este sitio es poco conocido y eso ha sido positivo para mantenerlo fuera del alcance de las personas. Si bien los agentes naturales han alterado un poco el lugar, se mantiene sin grandes cambios” concluyó el profesor Alejandro García.

A pesar de ello, Alejandro remarca que no es bueno que la gente no sepa dónde quedan los lugares para conservarlos en buen estado, al contrario, habría que impulsar una política de educación popular sobre el cuidado y protección de los sitios arqueológicos.