La educación en la construcción del sujeto femenino

En este trabajo, investigadoras de la UNSJ exponen cómo el retrato femenino fue modificándose a lo largo del siglo XX, predeterminado por la estructura económica, política y social del momento, así como por los mandatos familiares de cada sector social.

María Cristina Negri, Silvia Montañez, Sara Valenzuela y Lucía Manchinelli, investigadoras de la UNSJ aportan esta ponencia en la Semana de la Mujer, y exponen sobre la participación del espacio educativo, durante el siglo pasado, en la construcción social del sujeto femenino.

El ámbito socio-político generado en la provincia de San Juan a partir del otorgamiento de derechos políticos a principios de siglo XX, parecía un muy buen prospecto para el desarrollo del espacio social femenino. Además, las especiales condiciones educativas brindadas por sucesivos gobiernos hacían prever la consolidación de dicho desarrollo.

 

Espacio educativo – campo laboral

Históricamente, la situación de la mujer en el espacio social sanjuanino fue “de avanzada” en el país. El voto femenino fue otorgado a partir de 1927, pero estuvo limitado al espacio provincial. En el territorio nacional la mujer ejerce el derecho a voto por primera vez en 1952.
No había en la provincia movimientos feministas que bregaran por el voto, hay quienes afirman que la extensión del voto a la mujer se debió a la influencia del movimiento socialista, también se puede especular sobre la influencia que recibió Federico Cantoni, por compartir estudios de medicina en la UBA con Alicia M. de Justo (egresaron ambos en 1913).
En el marco del programa cantonista, cuyo modelo de desarrollo se basaba en las pequeñas explotaciones agrícolas e industriales, en la unidad doméstica de producción y en la capacidad de los sectores del trabajo”, se crearon las denominadas “Escuelas del Hogar Agrícola”, instituciones destinadas al entrenamiento de las mujeres. La capacitación comprendía cursos de un año de duración bajo el régimen de internado, para jóvenes de 17 años de edad, con educación básica completa (sexto grado aprobado) orientados especialmente a la formación de la mujer en actividades productivas hogareñas o industrias artesanales. Asimismo fue un programa de contención y capacitación para las madres solteras y sobre todo para que las familias lograran procurarse su “independencia y bienestar”.
La propuesta educativa estaba integrada a la laboral, especialmente para los sectores más empobrecidos. Para estos grupos estaban destinadas las escuelas de formación o capacitación cuyo objetivo era brindar a la mujer y por consiguiente a sus familias una posibilidad de crecimiento económico y cultural. “La creación de escuelas profesionales que paulatinamente se abrirán en todos los departamentos, dotadas de cuantos elementos exige su perfecto funcionamiento didáctico, abrirá a la mujer sanjuanina nuevos horizontes y mayores perspectivas para defenderse en su lucha por la vida.
“Al mismo tiempo significará terminar con los prejuicios anuladores que atan hoy en día a la mujer, esperanzada únicamente en la constante persecución del marido. Podrá la mujer que termine sus estudios en estas escuelas, (un año después del primario completo), adquirir una noción más exacta de sus deberes y de sus fuerzas, empleando su inteligencia y esfuerzo en la doble satisfacción del trabajo recompensado y de la ayuda provechosa para el hogar, contribuyendo así a su mejoramiento y elevando a su vez el sentido de libertad e independencia del que hoy carece en absoluto, debido al anacrónico y escolástico sistema que anteriormente regía la enseñanza” (Diario “La Reforma”. Citado en “La escuela cantonista”. Luis Javier Garcés. Editorial Fundación).
Para el gobierno cantonista, la educación de la mujer fue parte de un proyecto económico y social del contexto histórico provincial.
Los sectores sociales altos -de orientación política conservadora- veían con preocupación tales propuestas educativas. Para sus mujeres, estaba destinada la formación docente de nivel primario en la tradicional Escuela Normal creada por D. F. Sarmiento.

 

Espacio educativo y sector social

La Escuela Normal Sarmiento -formadora de maestros-, se transforma en un centro de educación elitista favorecida por el proceso de apropiación y acumulación a favor de los grupos sociales de mayor reconocimiento social, económico y cultural.
Este proceso de elitización de los años treinta, se “naturaliza” para las generaciones posteriores; especialmente para las familias con capital económico que optaron por la enseñanza laica y/o pertenecían a la religión judía -grupo importante cuantitativamente en la ciudad capital de la provincia-. Las mujeres que ocupaban estas posiciones se incorporan al mundo público -en aquella actividad exclusivamente docente-, considerada como el espacio social y cultural adecuado a su condición de mujer.
Se apostaba al trabajo, como estrategia de reproducción familiar e individual; la educación no era un valor en sí misma, sino en algunos casos un instrumento para mantener ese trabajo, para mantener el capital económico heredado. Permitía de ese modo, reproducir la posición y disposición familiar. En este retrato social es el capital económico el que prima sobre el cultural y simbólico.
Existieron hasta la década del 70, en la capital provincial, dos escuelas formadoras de maestras, la Escuela Normal Mixta de Profesores Sarmiento y la Escuela Normal Regional San Martín; ambas “Normales” prepararon los recursos docentes para el nivel primario.
El espacio educativo para la mujer fue definido por la preponderante acción -monopolio del capital cultural- que la Escuela Normal Sarmiento detentó hasta fines de los sesenta; momento en el que se modifica su componente social cuando la formación docente de nivel primario pasa a ser de nivel terciario (superior).
Ya la opción para estos sectores no fue la docencia primaria sino la secundaria y/o universitaria, ingresando como docentes y alumnas a los Profesorados que desde 1973 conforman la nueva Universidad Nacional de San Juan; quedando el espacio educativo de formación de maestros para los sectores medios y bajos.

 

La conquista del espacio educativo universitario

Así como la transformación del mercado, producida a fines del siglo XIX provocó la ruptura de valores, tradiciones y modos de vida; la nueva modernidad vinculada a la globalización, sumada a la crisis en el mercado laboral genera una ruptura en la lógica cotidiana de los sectores medios y populares. Dichos grupos han desarrollado nuevas estrategias, entre las cuales se incluye la salida al mercado laboral de la mujer, que tienden así a evitar el desclasamiento al que fueron sometidos a partir de la crisis del Estado de Bienestar.
Es dable suponer que la Universidad, en una ciudad provinciana como San Juan, se haya convertido en un espacio de legitimación social para los sectores que detentan sólo capital económico aspirando a contar también con el adecuado capital cultural o “ bolsa de empleo”, para aquellos grupos con capital cultural y necesidades de identidad y movilidad social.
La modificación en el peso relativo de los capitales económicos, culturales y simbólicos en esta clase social, generó en ellos nuevas disposiciones y formas de posicionarse socialmente. De allí que los sectores intelectuales y profesionales, poseedores de mayor capital cultural con relación al capital económico, muestran un interés cada vez más creciente en invertir en la educación escolar de sus hijos como mecanismo de reproducción social.

Quienes ingresaron a la Universidad durante la década del 70 -plena época de expansión del sistema educativo y social- apostaron a la educación como factor de movilidad social y cultural. Situación que se aprecia en el incremento, del 300%, de la participación de la población con nivel de instrucción universitaria completa, entre los años 1970-90.
Para el conjunto de mujeres, en el período considerado, se advierte un crecimiento levemente inferior al de los varones, tendencia que se revierte para los tramos de edades jóvenes, 20 a 39 años.
La creciente necesidad de la mujer por conseguir mayor participación en la fuerza laboral no doméstica, habría originado un cambio en las estrategias culturales de las familias dejando permanecer mayor tiempo en el sistema educativo a sus hijas, estimulándolas a continuar estudios superiores.
En estudios realizados sobre el rendimiento académico universitario, la condición de varón y mujer muestra comportamientos diferentes respecto al mismo. Las mujeres son quienes, en mayor proporción, avanzan en el cursado de la carrera. Y quienes, también, no prolongan la decisión de abandonar cuando lo consideran así.

……………………..

El retrato femenino fue modificándose a lo largo del siglo, predeterminado por la estructura económica, política y social del momento, así como por los mandatos familiares de cada sector social.
Hacia fines de los ‘90 —en una ciudad provinciana— nos definía desde lo social un espacio igualitario en trabajo y educación, intentando una distribución más equitativa en términos de participación política, que supone sólo un 30%. El retrato femenino se conforma con la inclusión de actividades académicas y laborales, pero sin dejar su función definida como básica: el cuidado de la familia.
Al inicio del siglo XX vimos que la construcción de su identidad la realiza al interior del mundo privado, ese es su espacio de poder. Los modos de vincularse al mundo de afuera marcan distancias entre las mujeres según su posición social de origen. Para los grupos más privilegiados este pasaje consistió en la adquisición de cada vez mayor capital escolar en instituciones de prestigio que facilitaban la reproducción social del sector. Prácticamente hasta fines de siglo la formación escolar estuvo orientada prioritariamente hacia la formación docente primaria, secundaria y por último universitaria, acompañado por el consiguiente ejercicio de actividades que se corresponde con el retrato femenino establecido.
Para la mujer de posiciones sociales más baja la salida de la casa estuvo vinculada inicialmente a la capacitación en actividades que permitieran colaborar con el jefe de hogar y por consiguiente con el progreso del grupo familiar. La función de la mujer fue un instrumento de la estructura familiar. El paso a la actividad laboral no doméstica lo conquistará a partir de la segunda mitad del siglo pasado ocupando el espacio, dejado por su par femenino, de sectores privilegiados que orientaron su trayectoria hacia la universidad.
En nuestra sociedad y dentro de la variabilidad de trayectorias sociales seguidas por la mujer se perciben algunos aspectos que son invariantes en todas ellas: a) la incorporación progresiva y creciente al sistema educativo formal; b) la definición de un retrato femenino vinculado a prácticas tradicionales que ha condicionado fuertemente la opción profesional elegida y la opción de ocupar determinados espacios sociales.
En ocasiones en que la mujer lucha por la conquista de espacios anteriormente masculinos -básicamente, los de toma de decisiones- emergen los valores tradicionales para designarla con acepciones negativas y/o asociadas a rasgos masculinizantes.
El retrato cultural ha oscilado a lo largo de esos años en un interjuego del capital económico y del capital cultural, construyendo un capital simbólico que define espacios sociales significativamente diferenciados: hay una mujer, desde lo público y otra desde lo privado. En el espacio público, la mujer sigue siendo “invisible” (categoría definida por Gloria Bonder). Porque aún cuando existiese una disminución relativa del capital económico y cultural masculino, es el varón el que define el espacio social público, posiciona y disposiciona al grupo familiar en dicho espacio social.
Para la mujer sigue reservado el espacio privado: aunque “Susanita pareciera transformarse en Mafalda”, -algunos elementos simbólicos lo acreditan-, el retrato cultural provincial exige que no puede dejar de ser “Susanita”. Y aunque varíe la representación social de “señora” desde los grupos más empobrecidos hasta los más acaudalados, a igualdad de herramientas culturales, -y a veces hasta en desigualdad- el varón sigue detentando el poder en la toma de decisiones en el grupo familiar.

 

Para leer esta ponencia completa, descargar el PDF del trabajo: Ponencia Negri, Valenzuela, Montanez y Manchinelli