Necesidad de satisfacción y satisfacción de las necesidades humanas, un problema institucional

La satisfacción de las necesidades de los miembros de una organización se da, fundamentalmente, cuando la institución deposita su confianza en ellos, permitiéndoles el desarrollo creativo y la capacidad de iniciativa, poniendo todo a su disposición para que ello sea posible.

 Por Elio Noé Salcedo

Si una organización es un cuerpo viviente (corpus), según la definen expertos en comunicación corporativa/institucional, entonces, la felicidad como el sufrimiento, la satisfacción como la insatisfacción, el bienestar como el malestar, la salud como la enfermedad de los miembros de una organización “constituye un problema humano general”, según lo planteaba ya el psiquiatra vienés Carl Jung (1).

En su libro “Las leyes del psiquismo”, Alberto E. Fresina sostiene que “la lucha auténtica del psiquismo es la que libra la ley general (‘buscar el placer y evitar el displacer’) contra las fuerzas objetivas contrarias. Los efectos supremos excluyentes que están en juego son: felicidad-infelicidad. La felicidad-infelicidad, como valores virtuales absolutos, marcan la cúspide del psiquismo” (2).

El deseo de felicidad, o dicho en términos más prosaicos, el deseo de satisfacción o bienestar, ha sido un deseo intrínseco al ser humano de todos los tiempos. De acuerdo al diccionario de la lengua castellana, felicidad es un estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien real o virtual, según el caso; satisfacción, bienestar, gusto, placer, suerte. Para los griegos, era “el favor de los dioses”. Para Aristóteles es “el supremo bien del hombre”. Epicuro proclamaba que “quien disponga de un plato de comida, de un vaso de agua y de una capa con qué cubrirse del frío, puede rivalizar con Zeus en cuanto a la felicidad”. En “El arte de la felicidad”, Dalai Lama define este “estado de ánimo” por la satisfacción que sentimos en un momento determinado: “De hecho –dice el líder espiritual de los tibetanos- que nos sintamos felices o desdichados en un momento determinado, frecuentemente tiene que ver sobre todo con la forma de percibir nuestra situación, con lo satisfecho que nos sentimos con lo que tenemos actualmente”. La Madre Teresa de Calcuta rescata este concepto y completa su sentido: “La alegría es para nosotros una necesidad y una fuerza, también desde el punto de vista físico. Una persona que tenga un espíritu alegre se cansa menos y está siempre dispuesta a seguir haciendo el bien”. Inclusive, desde el punto de vista de la fisiología humana, “el sistema central responde de manera positiva al input organizado: a mejor estímulo, mejor respuesta”, sostiene la Lic. Lucila Ferrín.

 

Psicología de la satisfacción-insatisfacción

En efecto, confirma el afamado psiquiatra y maestro vienés Carl Jung, relacionando felicidad-infelicidad y satisfacción-insatisfacción con salud-enfermedad: “Se tiene una neurosis por haber desconocido las leyes fundamentales del cuerpo viviente y por haberse alejado de él: el cuerpo entonces se rebela y aparece bajo una forma monstruosa que está destinada a impresionar profundamente al sujeto; éste no parece preocuparse apenas de este factor eminentemente peligroso y lo neutraliza gracias a su varita mágica (la conciencia)… Para la vida, el peligro manifiesto que emana de la conciencia es que ésta puede instituir, suprimir o desplazar, según su capricho, tal o cual cosa a la que se está entregado. De este modo surgen las epidemias mentales y otros fenómenos de esta clase…” (3). “De los complejos –‘magnitudes afectivas’- dependen el bienestar o el malestar de la vida personal”, asegura Jung (4).

Para John Gray, miembro de American Borrad of Medical Psychotherapists and Psychodiagnosticians, “la verdadera causa de la infelicidad es la falta de satisfacción”. Por eso, “la mejor manera de ganar la batalla (del bienestar y la satisfacción de las necesidades básicas del ser humano) es respetar cada uno de los cuatro planos del deseo: cuerpo, corazón, mente y alma”, pues “permanecer en contacto con nuestros deseos (necesidades fundamentales) y respetarlos nos ayuda a orientarnos en la vida y nos garantiza el éxito personal” (5).

Varios estudiosos del tema que nos ocupa, entre ellos Víctor Vroom (1967) con su Teoría de las expectativas, luego enriquecida por Porter y Lawler (1968), consignaba que lo que satisface o no satisface es la diferencia entre lo que esperamos que suceda y lo que de hecho sucede. El esfuerzo por obtener un alto desempeño está en relación con la posibilidad de lograr ese desempeño y que una vez alcanzado sea recompensado de tal manera que el esfuerzo realizado haya valido la pena. Antes, el filósofo y ensayista José Ortega y Gasset había sostenido que “la coincidencia entre vida proyectada y vida real produce el prodigioso fenómeno de la felicidad”. No obstante, nos advertía José Barchilón, profesor de Deontología Profesional de la UNSJ, la búsqueda de la felicidad (bienestar, satisfacción, salud integral), paradójicamente, “es una búsqueda que se canaliza por distintas vías: el dinero, el amor, el cumplimiento de deseos que pueden ser magnos o mínimos, poder, bienestar, sueños, creatividad, quizá ilusiones” y siempre hay más para transitar (6).

La satisfacción de las más altas necesidades de los miembros de una organización puede darse a través de la implementación de planes de desarrollo humano, de capacitación y promoción que colaboren a que el individuo se desarrolle personalmente, pero fundamentalmente se da cuando la institución deposita su confianza en los miembros de la organización, permitiéndoles desarrollar su creatividad e iniciativa, sus habilidades y talentos personales/profesionales, poniendo todo a su disposición para que ello sea posible (7).

Si bien no todos buscan lo mismo, “se trata de ayudar a la persona para que consiga del trabajo la mayor satisfacción y significado posible” (8), porque en la realización de cada persona está también la posibilidad de realización de la organización en su conjunto.

 

Notas

  1.  Carl Gustav Jung. Los complejos y el inconsciente. Altaza, 1997, pág. 432.
  2. Alberto E. Fresina. Las leyes del psiquismo. Editorial Fundar, 1999.
  3. Jung. Ob. Cit. Pág. 394.
  4. Ídem, pág. 227.
  5. John Gray. Consigue lo que quieres, valora lo que tienes. Plaza Janés Editores. Barcelona, 1999.
  6. José Barchilón. “Ética y Comunicación”, EFU, UNSJ, 1998.
  7. María Luisa Muriel y Gilda Rota. Comunicación Institucional. Enfoque social de las Relaciones Públicas. Ed. Andina. Ecuador, 1989, pág. 227.
  8. Silvia María Fuentes Navarro. “Satisfacción laboral y su influencia en la productividad” (Tesis). Universidad Rafael Landívar, Facultad de Humanidades, Campus de Quetzaltenango, 2012, Guatemala.