Cultura de evaluación y equidad de géneros

 A través de esta segunda nota sobre la práctica evaluativa, Revista La U quiere contribuir al análisis que sobre el tema proponen las investigadoras Lucero Manzano y Garrido, entendiendo con ellas que “la reflexión sobre las prácticas de evaluación permite definir un nuevo horizonte en la disciplina” y “lograr la institucionalización de la cultura de evaluación”. Uno de los aportes que incorporan al debate las profesionales consultadas en esta oportunidad son “las evaluaciones centradas en la equidad y sensibles al género”.

Por Elio Noé Salcedo

Según precisan las investigadoras María Alejandra Lucero Manzano y Paola Celeste Garrido del Instituto de Investigaciones Socio Económicas (IISE) de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNSJ, la evaluación como proceso de valoración de las acciones y estrategias de desarrollo se torna una instancia fundamental de reflexión para dar cuenta de los logros, obstáculos y desafíos en las prácticas llevadas a cabo para alcanzar los objetivos propuestos por la comunidad internacional para la consolidación de sociedades libres de miseria, equitativas e igualitarias.

Durante las últimas décadas –entienden las investigadoras del IISE-, la evaluación se ha convertido en una característica importante -incluso condición necesaria- de las políticas de desarrollo, ya que viene siendo entendida como parte del proceso por el que podrían alentarse las políticas de aprendizaje o de crecimiento y desarrollo institucional (no solo a nivel de un país o región sino también de una organización, programa o proyecto). Para contribuir a la toma de decisiones con evidencia fundada y de calidad –explican-, resulta fundamental que se profundicen las reflexiones en torno a la práctica y teoría de la evaluación, dando cuenta de sus debilidades, oportunidades y desafíos, y, entre ellos, la incorporación de la perspectiva de género de manera transversal.

En este marco, las evaluaciones con enfoque de derechos, particularmente la evaluación centrada en la equidad y sensible al género, se transforman en protagonistas al reconocerse que una evaluación de intervención social en la que no se incorpore esta visión, y especialmente el enfoque de género, podría decirse que oculta y refuerza la situación de desigualdad en las relaciones de género, ya que no permite visualizar y analizar los resultados alcanzados en varones y mujeres.

 

Enfoque de Derechos y perspectiva de Género: nuevo paradigma emergente

La evaluación con enfoque de derechos, según plantea Segone (1998), surge a partir de una serie de cambios en la forma en que se definen y llevan a cabo las intervenciones sociales, en donde aparecen los derechos humanos como el fundamento del desarrollo. Dentro del marco del enfoque de derechos, una de las perspectivas de mayor relevancia en la actualidad y promovida fuertemente por Naciones Unidas, agencias de cooperación y redes de la sociedad civil, es aquella centrada en la equidad y sensible al género.

En su investigación, Lucero Manzano y Garrido cuestionan que “las relaciones asimétricas entre varones y mujeres no son identificadas al momento de diseñar las políticas, lo que se traduce en la reafirmación de las desigualdades existentes y, por lo tanto, en la perpetuación de las diferencias de género”. En la evaluación de políticas y programas de desarrollo –insisten las investigadoras-, se reconoce que una evaluación de un programa o proyecto en el que no se incorpore el enfoque de género podría decirse que oculta y refuerza la situación de desigualdad en las relaciones de género ya que no permite visualizar y analizar los resultados alcanzados en varones y mujeres.

Las investigadoras proponen tres principios para integrar los DDHH y la igualdad de género en las evaluaciones: inclusión, participación y relaciones iguales de poder.

Inclusión: evaluar los DDHH y la igualdad de género requiere prestar atención a qué grupos beneficia y qué grupos contribuyen a la intervención evaluada. Una evaluación debe reconocer quiénes son esos grupos, cómo son afectados y mostrar cómo minimizar los efectos negativos.

 Participación: la evaluación de los DDHH y la igualdad de género debe ser participativa. Las partes interesadas de la intervención tienen derecho a ser consultadas y a participar en las decisiones sobre qué será evaluado y cómo. Es importante medir la participación del grupo interesado en el proceso así como el beneficio obtenido con los resultados.

 Relaciones iguales de poder: tanto los DDHH como la igualdad de género buscan, entre otras cosas, el equilibrio de poder en las relaciones entre grupos favorecidos y desfavorecidos y dentro de los mismos. En ese sentido, las evaluadoras o evaluadores, aparte de tener conciencia de su propia posición de poder, deben comprender perfectamente el contexto (de poder) y llevar a cabo la evaluación de forma que apoye el empoderamiento de los grupos desfavorecidos.

La adopción del enfoque de género y equidad en la Agenda Global de Desarrollo (Agenda 2030) y de Evaluación (Agenda 2016-2020) significan el reconocimiento y compromiso asumido para la eliminación de las desigualdades, dando gran relevancia a la creación de relaciones horizontales, especialmente entre los géneros, para la construcción de territorios equitativos en un marco de sostenibilidad. El grado de sensibilización de la sociedad respecto a la problemática, determinará en gran medida los avances en la materia en cada contexto local.

Para las integrantes del IISE, el mayor desafío en el contexto actual es lograr la transversalización del enfoque centrado en la equidad y sensible al género en todo proceso evaluativo, que no implique un aspecto más a ser evaluado sino que cada dimensión a evaluar esté atravesada por esta perspectiva. Es por ello que resultará fundamental crear conciencia y el escenario propicio para que ello trascienda el discurso y logre ser internalizado en el ejercicio de la profesión en primer término, y en el propio pensamiento colectivo como visión.

No caben dudas tampoco de que la reflexión permanente sobre lo que está ocurriendo se transforma en un proceso clave para determinar en qué punto los desafíos que plantea este nuevo paradigma están siendo superados.

 

María Alejandra Lucero Manzano y Paola Celeste Garrido | La evaluación de intervenciones de desarrollo
RevIISE | Vol. 8, Núm. 8, Año 2016 pp. 15-30 | ISSN: 2250-5555 | www.reviise.unsj.edu.ar