Fundación e identidad: tercera posición

En el Nº 13 de la Revista “Dos Puntas” -revista académica bi-nacional que publica la Facultad de Ciencias Sociales de la UNSJ con la Universidad de La Serena, Chile- aparece una nota del Mg. Elio Noé Salcedo, Diplomado en Historia Argentina y Latinoamericana de la FFHA, quien reflexiona sobre la fundación de San Juan y la identidad latinoamericana. Revista La U pone a consideración de sus lectores una síntesis de su desarrollo.

“El 13 de junio, día de la fundación de San Juan de la Frontera –dice el Mg. Elio Noé Salcedo-, es un día propicio para hacer una reflexión particular sobre nuestra identidad, palabra que como veremos contiene además la clave para el reconocimiento de nuestra macro nacionalidad latinoamericana”.

Señala el autor que existen varias posturas ideológicas sobre la fundación de San Juan (y por extensión de otras ciudades suramericanas), que en sus contradicciones forman parte de un problema de identidad a resolver, pues es precisamente en la fundación de las ciudades de nuestra América donde se puede encontrar la respuesta y la llave para la comprensión y resolución de ese problema.

En orden a ese objetivo, para Salcedo resulta necesario reparar en un hecho fundamental que ocurrió poco tiempo después de la Fundación y como consecuencia de la Fundación de Juan Jufré: el 20 de mayo de 1563, la hija de Juan Huarpe, conocido también como el cacique Angaco, había sido bautizada con el nombre de Teresa de Ascensio, y antes de 1570, a menos de ocho años del acto fundacional, la hija de Huarpe se había casado con el capitán Eugenio Mallea, segundo de la expedición de Jufré. “La unión traería consecuencias “irreparables” –argumenta el autor-, y la historia ya no podría volver atrás, porque el español Mallea y la huarpe Ascensio tendrían seis hijos: Julián Ascensio de Mallea; Elvira Guerrero de Mallea y Ascensio, mujer de Juan de la Barrera y Estrada; Luciana de Mallea y Ascensio, mujer de Baltasar de Quiroga y Lemos, natural de Chile; Petronila de Mallea, casada con Juan Gil de Heredia; Cristóbal de Mallea, marido de una de las hijas de Alonso Rodríguez Lucero; y Eugenio de Mallea y Ascensio. Definitivamente, por mera consecuencia natural de descendencia, los hijos de la huarpe Ascensio y del español Mallea serían nuestro antecedente germinal directo más lejano, con una particularidad que no permitiría volver atrás la historia ni los genes –no se trata de un problema de voluntad o preferencia sino de genes-: a partir del nacimiento de los hijos de Mallea y Ascensio, no seríamos más españoles ni huarpes sino americanos, es decir, producto de la mezcla o fusión de dos razas. Esa sería a partir de entonces nuestra estirpe”.

En ese caso, nuestros abu/orígenes (abu-elos) serían los hijos e hijas del capitán Mallea y de la Huarpe Teresa Ascensio, es decir: el resultado de la fusión de lo hispánico y de lo autóctono, constituyendo así, desde hace ya más de cuatro siglos, una nueva raza: “la quinta raza o raza cósmica”, como la calificara el mexicano José Vasconcelos, “fruto de las anteriores y superación de todo lo pasado”. Por eso, afirma Salcedo, “no tenemos otra puerta de salida del problema que hacia adelante, es decir con la asunción de nuestra identidad y de nuestra misión como nueva raza, como nueva civilización… Somos el producto de la fusión de dos civilizaciones y por lo tanto un tercer término de la ecuación, distinto y nuevo a la vez, o sea único en su tipo. Esos son los fundamentos de nuestra identidad y de nuestra macronacionalidad indo-íbero-americana”.

Se debe tener en cuenta también –dice Salcedo- lo que ha afirmado entre otros el historiador sanjuanino Horacio Videla: que no nacimos argentinos, puesto que nuestra primera dependencia como territorio a partir de la fundación de San Juan, fue la Capitanía de Chile, dependiente a su vez del Virreinato del Perú, y a partir de la creación del Virreinato del Río de la Plata, dejamos de pertenecer a la Capitanía de Chile y pasamos, por una decisión administrativa, a formar parte de otra entidad jurisdiccional cuyo inmenso territorio incluía no solo lo que hoy es Argentina sino lo que hoy es Paraguay, Bolivia y Uruguay. “No éramos huarpes, no éramos españoles, no éramos chilenos, no éramos argentinos, no éramos paraguayos, no éramos bolivianos y no éramos uruguayos. Entonces qué éramos y qué somos”, se cuestiona el autor de la nota.

Rescata que hay una prehistoria amerindia y una protohistoria iberoamericana. Sin ambos datos, es imposible comprender y asumir una identidad. La mala noticia, cita Salcedo, es que “sin identidad, nos convertiremos en cenizas de los tiempos” (P. Godoy, 2009), y la buena noticia es que tanto nuestra prehistoria amerindia como nuestra protohistoria iberoamericana forman parte de nuestra identidad, y en alguna parte de esa gran historia está la clave para reencausar nuestro destino. Pero también advierte: “si se exaltan los conflictos y las diferencias, se acentúa el aislamiento” (Godoy, 2009). En cambio, si se exaltan las similitudes y los aspectos comunes, se acentúa la integración y la unidad, y con ella la seguridad de un destino digno y alcanzable para todos”.

Ciertamente “subsiste la huella de la sangre vertida (en luchas intestinas): huella maldita que no borran los siglos, pero que el peligro común debe anular. Debemos comprender que en la Historia no hay retornos, porque toda ella es transformación y novedad. Ninguna raza vuelve; cada una plantea su misión, la cumple y se va” (J. Vasconcelos). En ese sentido, la misión como nueva raza y como nueva civilización, superior a la civilización anglosajona que nos domina, todavía está pendiente.

Por eso entiende Salcedo que el 13 de junio nos recuerda nuestra doble identidad huarpe-española, que sumada a nuestra identidad chileno-argentino y nacional ibero-americana, conforman  nuestra múltiple y varias veces centenaria identidad, a la vez única, original y potente… basada en la potencia del tiempo, en la originalidad del mestizaje y en el acervo común de más de veinte repúblicas que juntas constituyen una misma Nación. Y concluye: “Eso es lo que celebramos este 13 de junio: nuestra doble raíz, nuestro mestizaje o maridaje indo-hispánico, nuestra raza nueva y original indo-ibero-americana, esa que la palabra latinoamericanos resume en nuestros días, en la búsqueda por darle un nombre definitivo a nuestra identidad y nacionalidad”.

*Revista “Dos Puntas”, Año VIII – Nº 13/2016, pág. 205 a 212. http://www.facso.unsj.edu.ar/publicaciones/2Puntas-13.pdf

La imagen que ilustra esta nota es un dibujo de Santiago ParedesTeresa de Ascencio de Mallea, dibujo de Santiago Paredes. Fuente: Fundación Bataller