Acerca del film Only Lovers left alive

El film de Jim Jarmusch bajo la palabra de Cristina Póstleman, docente y creadora del Instituto de Expresión Visual.

Contagio
Según la mitología griega, Eros es hijo de la abundancia y la escasez. No desechada sino suspendida, queda esta teoría en Only lovers left alive, una película británico germana de 2013, dirigida por Jim Jarmusch, que más que verse debe ser deglutida. Aquí no importa el nacimiento del amor, lo que cabe en este film es probar, fluir.  En el más literal sentido que se pueda de estas palabras que arrastran una contradicción pragmática cuando se trata de la escritura. En Only lovers left alive, todo marcha entre fluidos invisibles e inconscientes, entre tomas lentas y planos largos y  desolados, entre  agotamientos y vértigos peligrosos. El vampiro es quien hace hipóstasis con la sangre y su liquidez expansiva y arrasadora, contagia. Es virósica. Nada tiene que ver con una administración de las pasiones.

Necro-ismo
Por eso, algo del orden de las tensiones trágicas, aporéticas, algo que poco tiene que ver con lo mucho y lo poco, es lo que trasunta en este film del género vampiresco. Film que urde sus juegos lejos de opuestos. La cosa está entre las líneas… Y la pregunta no se deja esperar. Y el efecto tampoco. Y la tentación no es fea, no es maliciosa, ni amarga. ¿Qué virosidad vence acá? ¿La inexorabilidad, la absoluta contingencia de los acontecimientos? ¿La Voluntad lisa y llana? ¿Cuál es el efecto de este entramado de historias urdidas por el contagio? ¿Experimentar la eternidad en toda su explosión sensacional? ¿Saborear los restos deliciosamente sanguinolentos del mundo, cuando éste se presenta  como un vicio superlativo? ¿Dejarse arrastrar por esa fuerza negativa extrema?

Rojo Jarmusch
En una entrevista el director del film responde a la pregunta sobre la trama de la peli, expresando acerca de tal tratarse de amor, no de vampiros. Dice del vampirismo permitirle esa pincelada absoluta que funciona torciendo el tiempo, que produce un descoloque generalizado que el guionista debe sortear inteligentemente y que efectivamente hace que en esos deliciosos encuentros con guitarras, con fotos, con espejos prohibidos, la eternidad prefiera la noche, para decirlo en tono del director.[Ver en YouTube] Entonces, el color –rojo puro-, bajo el efecto fluir es posible y necesario y es un indicador del sentido de los acontecimientos mismos.

En medio de la eternidad
Entonces la sangre y viajes narcóticos y flashes, conversaciones desde la eternidad, infinitos diálogos resonando. Ahí hay que arriesgarse. Y ahí reside una de las claves de este magnífico guión. La fórmula abraza, desde antes del principio del film, hasta más allá de sus lecturas. Un acierto se convierte en el tema mismo. Procuras desesperadas se tejen en seguidillas de viajes narcóticos y en encuentros con la eternidad. Una eternidad puesta de frente, emergiendo de un fondo de figuras suspendidas que de tanto vuelven, subversivamente vuelven…   

Las vampiras (no vampiresas) y los vampiros andan de noche
Quizás lo maravilloso de este film vaya por esa pulseada entre el rojo necesario y las pinceladas de ocres y verdes oscuros, lilas, grises y dorados, en la que una oscuridad recuperada, puesta de nuestro lado, de lxs que desesperamos la noche, vence. Porque es allí donde, finalmente, una inclinación vampira nos atrapa, y entonces es (im)posible  (des)encontrarnos. Como Eva (Tilda Swinton), Adam (Tom Hiddleston), Marlowe (John Hurt) y Ava (Mia Wasikowska), envestidos con algunas de las características típicas de lxs vampirxs sobre otras: sabiduría, cierta habilidad particular y la infaltable bellísima palidez.

Una eternidad redentora  que pinta con cierto toque pop – en ciudades escondidas- los dramas del tiempo. Efecto consistente en delirar la vida entre verdades estúpidas y deglutibles, sabrosas y latigantes. Verdades anteriores a la piel.   

 

Fuente de la imagen: https://linnemagazine.com