Otra lógica

Rodolfo Pastore y Julio Fajn, expertos en cooperativismo, hablaron sobre economía y comunicación alternativas. Fue en la Facultad de Ciencias Sociales, cuya carrera de Comunicación ya cuenta con una orientación comunitaria.

Por Fabián Rojas

“Los medios de comunicación comunitarios son economías y son parte de la economía social y solidaria. Pero también existen las empresas recuperadas, los intercambios como, entre otros, las ferias francas, en que se vincula directamente a productores con consumidores y se reducen costos de transacción. Hay muchas experiencias, y la comunicación puede aportar muchísimo a su validación”, señaló Rodolfo Pastore, docente de grado y posgrado en Economía Social de la Universidad de Quilmes. Sus conceptos fueron vertidos en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNSJ, donde, junto a Julio Fajn, del Instituto de la Cooperación (IDELCOOP), participó de la jornada sobre el proyecto “Otra economía para otra comunicación”.
El Departamento de Ciencias de la Comunicación de la FACSO creó, en el marco de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) y de su nuevo plan de estudios para la Licenciatura en Comunicación Social, una orientación específica en Comunicación Comunitaria. En ese contexto desarrolla actividades para vincular a estudiantes, docentes y actores de la sociedad civil en torno a los ejes de la comunicación comunitaria y de la economía social. Esta comunicación debe complementarse con una economía que responda a otras maneras de sostenimiento y de gestión de los medios de comunicación, que no persiga sólo fines pecuniarios. En este escenario, la economía social puede ser una herramienta para una comunicación distinta. “Puede pensarse en una cooperativa comunicacional”, se dijo en la jornada en la FACSO.

Inmigración y crisis: los motores

“La economía social no es la economía del sector público, no es la de organizaciones privadas. La economía social reúne a actores que tienen que ver con otra economía. Son los de cooperativas, mutuales, asociaciones”, refirió Julio Fajn. “Nuestro país tempranamente tuvo organizaciones cooperativas, y eso tuvo que ver con las inmigraciones europeas que trajeron sus formas de asociarse y de producción. Profundizaron en actividades cooperativas agrarias, de consumo y de crédito. Ellas en el principio del Siglo XX tuvieron un eje contracultural, contrahegemónico y anticapitalista”, agregó. Luego, señaló que un segundo período importante en una lógica económica distinta se dio en 2001, cuando emergieron en el país otras formas asociativas. Ahí fue posible ver, dijo Fajn, empresas recuperadas por trabajadores desocupados que encontraron en la producción, la circulación y el consumo formas cooperativas de organizarse en el marco de la producción y de la resistencia. El disertante habló además de “una tercera oleada, que tiene que ver con la diversidad y la ampliación de derechos, el cooperativismo no sólo como algo contracultural, sino como ampliación de derechos”. En este sentido habló, por ejemplo, de las cooperativas en contexto de encierro, es decir, los internos que generan cooperativas y las asociaciones de afuera que esperan que recuperen su libertad para incorporarlos.

Llegó para quedarse

Pastore, a su vez, indicó que en economía social hay tres dimensiones. Una dimensión empírica relacionada con la diversidad de emprendimientos y organizaciones que hacen economía, pero con una finalidad no lucrativa sino social. “Esto no quiere decir que no haya excedentes, pero ellos son utilizados con otros destinos”, remarcó. Otra dimensión es la política. Esto es clave sobre todo por la construcción organizativa de los actores, la cual hace que éstos tengan peso para sentarse a mesas de discusiones con el Estado, empresarios, etc., donde se discute economía. “Las organizaciones de economía social junto con las Pymes pueden dar juego a que se democraticen los mercados, a que las corporaciones de alimentos no formen los precios”, dijo Pastore. La tercera dimensión es la simbólica, lo que implica un debate conceptual y cultural, y que refiere a la concepción de las personas respecto de lo económico. Luego señaló que la agricultura familiar va en el sentido del cuidado del medioambiente y de la soberanía alimentaria.
“La economía del Siglo XXI no va a ser más exclusivamente una economía estructurada, en torno al trabajo asalariado. Por lo tanto, si vino para quedarse, las universidades tenemos que hacernos cargo. En cuanto a la democratización del acceso universitario, si en 1983 teníamos 400 mil estudiantes, hoy tenemos un millón ochocientos mil. Esto tiene que ver con un derecho a la educación superior reconocido hoy, y significa incorporación de actores de la economía social a la universidad pública”, valoró el docente.