Comunicación y política

Escribe: Mg. Rosa Núñez |  Licenciada en Ciencias de la Comunicación y magíster en Ciencia Política y Sociología. Dirige el Proyecto de Investigación Comunicación Política: El papel de la Comunicación Política Gubernamental en la Democracia Sanjuanina. Docente e investigadora – FACSO – UNSJ.

_____ Los medios de comunicación han adquirido en las últimas décadas un lugar preponderante en la escena política. Esta preponderancia tiene su origen en importantes hechos en el campo de la política. La disolución de las ideologías, la crisis de representación de los partidos políticos, la volatilidad del voto y el aumento de independientes e indecisos, el desprestigio de la clase política, el apogeo del marketing político que apunta a consumidores más que a ciudadanos, los sondeos de opinión y el crecimiento del periodismo de investigación que denuncia hechos de corrupción, son los más relevantes.
Sabemos que la democracia se sostiene sobre la base de los partidos políticos. Pero en la Argentina el andamiaje democrático se muestra diferente, ya que el famoso “que se vayan todos” de 2002 dejó a salvo los políticos pero devastó a los partidos. En su lugar aparecen individuos con cierta trayectoria política que organizan una agrupación personalista dentro de una línea interna de un partido. De ahí adquieren su denominación el kirchnerismo, cristinismo, macrismo, sciolismo, massismo, giogismo, basualdismo, entre otros. También contribuyen a ello las PASO, que sacan las otrora internas de los partidos a comicios generales, proliferando así las campañas y los bunkers de cientos de candidatos. Cosa que a los sanjuaninos no nos sorprende, ya que lo vivimos hace unos veinte años atrás, gracias a la Ley de Lemas.
En los medios de comunicación este personalismo también se ve reflejado. La política cede su lugar a los políticos. Dicho por Manuel Castells, lo que queda en la mente de la gente es la motivación personal y las imágenes personales como fuente de la política. En la agenda temática se privilegia lo referido a cuestiones de personalidad, y así el mensajero se convierte en mensaje. Esa personalización lleva a la difamación como estrategia política. Así, los escándalos políticos y la política de la corrupción constituyen una estrategia esencial de esta política informacional.
Parados en este punto nos preguntamos con cierta preocupación si ante el desvanecimiento de los partidos políticos no habrá llegado la hora de los redentores, esta especie de magos que prometen soluciones pero nunca dicen cómo las van a lograr. Muy lejos de lo que fueron los grandes caudillos, la mayoría de ellos son galanes de la pantalla que ganan su fama participando en programas faranduleros de la TV, pero que nunca se prestan a debates políticos o a entrevistas de periodistas especializados.
Por su parte, la ciudadanía se mantiene escéptica hacia los partidos y la política. Pero esto no significa necesariamente que la gente ya no vote, o que no le preocupe la democracia. Existen claras evidencias en estos diez últimos años de la necesidad que tiene la gente de ser escuchada. Las marchas, los escraches, los cacerolazos y llaverazos, y el ciberactivismo en las redes sociales son muestras más que elocuentes. El pueblo se moviliza para reclamar sus derechos, y lo hace solo, sin intermediarios.
Nos toca vivir una etapa de transición en la cual la vieja política y las viejas campañas no terminan de desaparecer y las nuevas aún no terminan de nacer. El contexto general pinta la entrada a un capitalismo informacional de carácter global en medio de una nueva lógica espacial y temporal, y del uso de las nuevas tecnologías en todas las actividades humanas, en las que el paradigma de la horizontalidad cambia radicalmente las relaciones de poder y la distribución de la información. Estamos parados frente a una crisis de las instituciones políticas y el surgimiento de los nuevos movimientos sociales, sumados al emergente problema de la gobernabilidad, de la descentralización del poder y la gestión estatal, del resurgimiento de los gobiernos locales, y del empoderamiento de ciertos sectores sociales que abusan de la violencia y controlan nuestras vidas.
Frente a este escenario el político negocia, promete y hasta toma mate con la gente, queriendo despegarse del rótulo de “político” y pretendiendo parecer uno más entre nosotros. Por el contrario, el ciudadano hace zapping electoral, buscando al superhéroe más creíble que, con sus poderes especiales de honestidad, equidad y eficiencia, sea capaz de salvarlo.
Entretanto, la Comunicación Política, rama que estudia la Comunicación Social abocada al cruce e intercambio de ideas y considerada un lugar de encuentro entre ciudadanos y políticos, sigue esperando que le demos su espacio para aportar a la construcción de la democracia.

La imagen que ilustra esta nota pertenece a la muestra “Mundos posibles”, de la artista, creadora y docente de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, Malena Peralta. La muestra se expuso en el Museo Tornambé, en septiembre de 2014. Ver más en Revista La Universidad